22 junio, 2024

 

 Desde que anunciaron la publicación de Los genios (Revuelta Editores, 2023), sentí la necesidad de leerla, ya que versa sobre el fin de la amistad que tuvieron Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, mis autores predilectos de mi adolescencia, a quienes admiraba con devoción y a quienes leía todo lo que encontraba de ellos con el placer que producen las grandes obras literarias de valor universal.

Y, en específico, la novela buscaba esclarecer, a través de la ficción (aquel rótulo que aparece en la hoja de créditos de la publicación como advertencia al lector), por qué “El cadete”, como también llaman en la novela al autor de La ciudad y los perros (1963), lo noqueó, rompiéndole la nariz y amoratándole el ojo con un puñetazo que tenía el anillo matrimonial, al entonces “pobre con plata”, como se hacía llamar Gabo con sus amigos por sus raíces y por su gran fortuna que le vino después de Cien años de soledad (1967).

Aquello ocurrió en el estreno de Supervivientes de los Andes (1976), en México D.F., en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. Y la novela comienza desde aquel incidente y termina rematando sobre él, haciendo saltos en el tiempo, como la vez que se conocieron ambos pesos pesados de la literatura en Caracas, adonde llegaron para celebrar la premiación del Rómulo Gallegos; o también, la novela reflexiona sobre el significado de aquella amistad, como cuando García Márquez y su esposa Mercedes leyeron encandilados García Márquez: Historia de un deicidio (1971), que, a página leída por el autor de La hojarasca (1955), era arrancada para que pudiera ser leída por su esposa.

Así, la novela avanza enfocándose en Mario Vargas Llosa, del que el narrador parece conocer más, y también en Gabriel García Márquez, del que el fabulador llega a afirmar que fue tan pobre en Europa que llegó a comer de “la basura de los restaurantes” y que, antes de casarse con su última pareja (con quien también sufrió penurias), tuvo una relación paupérrima con una europea.

Sin embargo, la estructura principal de la novela se enfoca en los años previos y en el contexto literario en que se produjo la ruptura definitiva de aquella amistad, como si todos los datos (pues existen muchos datos biográficos) buscaran crear la atmósfera real en la que se produjeron los hechos. Hablando en términos de verosimilitud, están muy bien trabajados y aunque puedan ser vistos como “clichés”, estos ayudan a la agilidad y al disfrute de la lectura.

Y como se trata de una novela sobre dos escritores geniales, existen también muchas referencias y apariciones de otros escritores de índole internacional, que fueron hombres de su tiempo y que dialogaron entre ellos, como Pablo Neruda, Octavio Paz, Julio Cortázar, Joaquín Sabina, Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, por ejemplo. También hay menciones de escritores nacionales como Raúl Porras Barrenechea, Luis Loayza y Abelardo Oquendo, entre otros.

Según la novela, dos años antes del desafortunado golpe, Patricia Llosa le dijo a Mario Vargas Llosa que estaba cansada de Barcelona, donde eran amigos y vecinos de los García Márquez, porque tenía muchas obligaciones hogareñas y porque quería contratar a una empleada doméstica, y como extrañaba demasiado Lima, le sería más fácil pagarla en la capital peruana que en dicha ciudad española.

Cuando el futuro Nobel peruano aceptó la petición de su esposa para mudarse a Lima, decidieron viajar en barco, lo que tomaría alrededor de tres semanas. Durante el viaje, la pareja conoció a Susana Diez Canseco, una mujer mucho más joven que Patricia. Con solo verla y coquetear un poco con Mario Vargas Llosa, nació un amor intenso que pronto se convirtió en una pasión incontrolable. Casi al llegar a su destino final, Mario le reveló la verdad a Patricia y su decisión de separarse definitivamente, lo que causó un gran dolor a Patricia, ya que Mario había sido el único hombre en su vida hasta entonces.

Existen pasajes divertidos en la novela, como cuando Mario Vargas Llosa conoce a los padres de Susana, y estos le gastan una broma, mintiéndole que el papá no era el padre biológico de Susana, sino que el verdadero era Ernesto Vargas y que el escritor se había estado acostando con su “hermana”; también hay escenas curiosas, como cuando el autor de Conversación en La Catedral (1969) acude al entierro de la pierna del general Velasco Alvarado (durante su operación acudieron médicos cubanos y un experto internacional en cardiografía) junto con otros intelectuales peruanos. A pesar de que Vargas Llosa ya había roto con Fidel Castro, todavía apoyaba al gobierno que hizo realidad la Reforma Agraria.

También hay escenas escabrosas y duras, como cuando Mario Vargas Llosa humilla a su padre, Ernesto Vargas, quien trabajaba en el hotel Beverly Hilton en Beverly Hills (EE. UU.). El escritor se alojó allí con Susana para que ella conociera a Dorita Llosa, la madre del novelista, en un intento de formalizar la relación. Es evidente que Jaime Bayly sabía que Mario Vargas Llosa no respetaba a su padre.

Sobre la causa del final de aquella amistad, casi todos los reseñadores del libro lo han comentado: una supuesta infidelidad de Patricia Llosa con Gabriel García Márquez, después de una noche de tragos con varios amigos. Según se dice, el día de la muerte del dictador español Francisco Franco, Patricia le habría contado la verdad al “sartrecillo valiente” cuando este, después de ser abandonado por Susana (ya que ella lo descubrió en una situación embarazosa con la actriz Katy Jurado cuando filmaban la película sobre Pantaleón y las visitadoras, 1973), regresó donde Patricia Llosa recitándole un poema que le había dedicado cuando ella era adolescente y pidiéndole perdón encarecidamente.

Para algunos lectores, la novela podría parecer irreverente y contener bastantes cosas obscenas y deplorables, pero juzgarla de esa manera sería un error y no valorarla en su total dimensión. Es similar a cuando los autores de la generación beatnik publicaron sus obras; estas también reflejaban ficciones de la realidad y, aunque parecían alejadas del mundo real, a través de un lenguaje cuidadoso y estético, contaban grandes y buenas historias literarias. Esta novela es una de ellas.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Textos suyos aparecen en páginas virtuales, antologías, revistas, diarios y/o. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relatos (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Semifinalista del Premio Copé de Poesía (2021). Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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