En el Perú es larga la historia del desprecio y el racismo, cada coyuntura política lo vuelve a actualizar

El desprecio y el racismo, en nuestro país se actualiza cada cierto tiempo, con consecuencias fatales que termina en el derramamiento de sangre de los verdaderos hijos del pueblo.

El desprecio y el racismo de una clase política y de un sector con ínfulas señoriales y taras coloniales, con intereses particulares y mentalidad asesina, hace que en nuestro país no pueda existir diálogo y consensos, ni los propios actores sociales y políticos puedan comunicarse.

El desprecio desvirtúa a quienes están participando en las protestas, pero este desprecio no es de manera ligera sino, es para anularlo como sujeto digno de participación en la democracia y en los asuntos públicos y del poder.

En el Perú es larga la historia del desprecio y el racismo, cada coyuntura política lo vuelve a actualizar.

Hoy se desprecia de muchas formas: por ser ignorante, por ser regional, por no saber hablar bien, por ser hijo de campesino, por ser aymara, quechua o amazónico y por otras cualidades que descalifica a los otros, a los nadies a los despreciados, y a los invisibilizados.

¿Quién lo hace?, lo hacen actores concretos, que tienen influencia directa en los acontecimientos sociales y en la vida política, son ministros y congresistas, son la extrema derecha, son los que defienden sus propios intereses y los monopolios.

Y más aún, son los grandes medios de comunicación, que desinforman, que terruquean todos los días, hasta hacen campañas en favor de la ultraderecha, que desemboca en efectos negativos como lo que estamos viviendo. Ellos también son culpables de estas muertes de nuestros hermanos compatriotas.

Incluso cuando alguien muere, en vez de dolerse, de rectificarse, de expresar dolor y luto, de ponerse al lado de los que perdieron a sus familiares, simplemente lo ignoran, hasta sienten satisfacción y dicen que se lo ganaron por revoltosos, por vándalos o delincuentes, que ellos se lo buscaron.

El racismo y el desprecio siempre estuvo presente, sólo que se manifestaba solapada y disimuladamente, pero ahora sí, se ha visto y vivido en su máxima expresión que los ha llevado a cometer asesinatos de lesa humanidad. (P.A Wilman Caichihua Robles)

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