Las acciones de violencia material y psicológica contra las mujeres (aunque también existen contra varones) han generado corrientes de condena contra sus actores, con la organización de colectivos feministas y la nueva percepción de los temas de género, que alcanzan a diversos niveles, la violencia familiar pasa de ser tratamiento personal al involucramiento de la sociedad.

El carácter machista de la integración familiar en nuestro país ha generado que la violencia se convierta en un fenómeno congénito, por lo cual las personas que realizan intimidad conyugal con sus parejas son violentadas permanentemente por sujetos que no poseen códigos de respeto, todo lo contrario, generan maltratos, lo que destruye la relación, y en ciertos casos feminicidios.

Los medios de comunicación han captado una profusa información en los últimos tiempos, denunciando situaciones graves contra las mujeres, que incluye artistas, políticos y deportistas, lo cual deviene a que los involucrados deterioren su imagen y pasen a tener prontuarios, lo cual les genera destituciones y denuncias por ser protagonistas de agresiones contra distintas víctimas.

Cuantiosas situaciones de mujeres que han disuelto sus relaciones de pareja fueron reveladas por los medios de comunicación, tras conocerse que las mismas fueron asesinadas luego de haberse apartado de sus cónyuges, muchos personajes que sostuvieron intimidad con sus parejas y luego fueron rechazados, terminaron reaccionando con gran violencia y atacando a sus antiguas parejas.

Los hechos de violencia contra la mujer no solo tienen la autoría de desconocidos que atacan a sus víctimas violándolas tras un asalto o una agresión, también ocurre en escenarios familiares, por efectos de la embriaguez, y un falso sentido de pertenencia, como si la mujer fuera un objeto y el hombre el dueño, distorsionando así la intimidad, algunos no entienden que la sociedad cambió.

La gestión de género, a través del Estado y las organizaciones feministas, tratan de explicar que la modernidad ha cortado la vieja tradición conyugal, donde el hombre era el protagonista, y quien sostenía el hogar, mientras la mujer se encargaba de los deberes cotidianos, yendo a mercados, cocinando, limpiando, cuidando a los hijos, llevándolos a la escuela, lavando los uniformes y otros.

Esto ya no ocurre más, o pasa muy poco, las mujeres de la nueva época exigen su lugar en la sociedad, se preparan para proyectarse al futuro, van a la universidad, estudian una carrera, ocupan cargos importantes, y se postulan a participar en la vida profesional, social y política, cada vez que alguien señala que lo suyo son los quehaceres domésticos., lo consideran una agresión.

Empero, los temas religiosos han incidido en que algunas mujeres participen del viejo dogma, que señalamos, realizar trabajos hogareños, pero quienes se resisten, llevan al ataque psicológico la supuesta vuelta al pasado, por ende, la nueva realidad es que tanto el hombre como la mujer contribuyan al hogar desde la intelectualidad y/o el ejercicio profesional, con sólida participación.

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