La población tiene que tener claro, que por mucho que exteriorice su estado de ánimo, las decisiones políticas de nuestro país siguen su curso y que con la administración de los recursos se desarrollan las actividades económicas, educativas, agrarias y otras, en el marco de la ley con el debido equilibrio, y si bien se anuncia cambios en el poder político, todos debemos guardar calma.

Los peruanos de a pie son los llamados a continuar con sus actividades sin alteración alguna; el relevo de un presidente y la elección de nuevas autoridades, no tiene que cambiarnos la vida, ni tampoco preocuparnos por la presencia de uno u otro personaje al frente de los destinos del país, pues las ideologías se estrellarán contra mecanismos de defensa de nuestra vida en democracia.

El país no requiere del uso de la fuerza para mantener la paz y evitar cualquier despropósito que pueda presentarse. Las fuerzas armadas son la garantía con que cuenta el Estado para controlar la violencia social y contener las manifestaciones de deterioro político y social. El presidente de la república como jefe de las fuerzas armadas y la policía, tiene bien claro cuál es su función pública.

Si bien existen momentos de reacción social, los gobernantes y las organizaciones de base, tienen que entender que cualquier decisión que tomen, la deben hacer en el marco de la ley, desarrollando acciones en procura que no se amplíen las distancias entre los peruanos. Estando a un paso de la proclamación de un nuevo presidente de la república, se deben respetar las normas.

De esta manera podremos vivir en paz y desarrollar nuestras actividades laborales, comerciales y educativas, sabiendo que cualquier decisión errada que podamos tomar, el perjuicio no será del contrario, sino del país y de nuestras familias, que requieren vivir pacíficamente, en ese objetivo las revueltas intestinas a ningún buen puerto conducen, lo que interesa es el desarrollo del país.

Las luchas por la equidad y la justicia no deben generar asonadas de violencia, sino deben estar centradas en el marco de la ley y la democracia, y a través de estas desarrollar las estrategias que tuvieran lugar; los peruanos deben actuar con fraternidad, darse un abrazo fraterno y disfrutar la celebración de nuestro bicentenario patrio, del que poco se habla, pero que sabemos importante.

Los pobladores deben nutrirse de esperanzas y felicidad que son las armas del futuro para aspirar al crecimiento económico de nuestro país, si pasamos por alto los malos momentos y generamos juntos la reconciliación nacional, mediante políticas de integración y afecto entre todos los ciudadanos, con esfuerzo y buena voluntad, todos estaremos dando un salto hacia el progreso.

En ese objetivo debemos dejar todas las acciones que nos dividan, los colectivos políticos generan enfrentamientos, no permitamos que la calle siga exteriorizando su descontento social y que el odio corroa todos los esfuerzos democráticos , permitamos que la quietud alcance la paz de los peruanos y las rencillas sean cosas del pasado, que el bicentenario, sea sinónimo de real unidad.

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