Octubre es mes limeño y mes de tradiciones. Es el mes del Señor de los Milagros y del turrón de Doña Pepa, mes de cierrapuertas y revoluciones, mes de toros y toreros y como verdadero fin de fiesta, el 31 se celebra el día de la canción criolla, que a través de los años ha interpretado las penas y las alegrías, las frustraciones y las esperanzas de nuestro pueblo.

Hablar de la canción criolla es hablar de Montes y Manrique, de los hermanos Ascue, de la Limeñita y Ascoy, de Jesús Vásquez, Luis Abanto Morales, Chabuca Granda, Lucha Reyes y Alicia Maguiña, involuntariamente se pueden omitir a algunos o a muchos, pero quien nunca puedo ser omitido cuando se habla de la Canción Criolla es Felipe Pinglo Alva, poeta de nuestra música, precursor innegable de las canciones de protesta, hoy tan comunes entre nosotros.

Para rendir homenaje a nuestra canción criolla hemos escogido al Maestro Pinglo, presentado siempre como músico y compositor y hasta poeta, pero nunca en la dimensión social que tuvo, que le dio la inspiración para componer su obra cumbre: “El Plebeyo”, pero también “Obrerita”, “Jacobo el leñador”, “La Oración del labriego”, “Mendicidad”, “El canillita” y tantos otros temas de profundo contenido social.

Así nacieron temas como “Bouquet”; “El Huerto de mi Amada”; “Pasión y Odio”;  “Celos”; “Decepción”; “Tu Nombre y el Mío”;“Amor traidor”; “Morir Quisiera”; “Querubín”; “Amor Iluso”.

Felipe Pinglo Alva nació en los Barrios Altos, , un dieciocho de julio de 1899, su padre era director de un colegio de Barranco y su madre una delicada mujer que murió a poco de nacer Felipe. De ahí su débil contextura totalmente opuesta a la de su macizo padre. Escoge el arte antes que los libros. En el colegio Guadalupe donde cursa estudios secundarios, prefiere la música y las letras antes que las matemáticas.

Su instrucción primaria la había realizado en varios planteles entre las que se halla la escuela de “Los Naranjos”, siendo un jugador destacado del equipo de fútbol. Es jugando este deporte que contrae una lesión a la rodilla izquierda que le dejaría cojo por el resto de sus días; fue defendiendo el equipo de Sindicato de Trabajadores Gráficos.

Desde entonces sus íntimos le decían “el cojito”, cuando se referían a él. Sin embargo Pinglo subo sobreponerse a la adversidad y logró creaciones prodigiosas. Era la época en que destacaban los recordados Montes y Manrique, las hermanas Gastelú, Nicolás Wetzell, los hermanos Andrade, Julio Vargas, Manuel Amenario, Alejandro Sáenz, Arredondo y Bocanegra, verdaderos representantes de las jaranas criollas. Con ellos Felipe inicia una larga vida de bohemia donde las chicas boinitas eran infaltables, según lo cantara Felipe Pinglo en sus canciones.

Pinglo fue trabajador gráfico y dirigente sindical, a los 20 años participó en la lucha por la conquista de la jornada de ocho horas y años después en 1923, marchó al lado de los obreros y estudiantes que sepultaron los restos de Salomón Ponce y Alarcón Vidalón, caídos el 23 de mayo en el Pasaje Los Huérfanos.

En el Día de la Canción Criolla; guitarras, castañuelas, cajón darán la bienvenida a su majestad el vals, la alegre marinera, la saltarina polca, como sucedía en las jaranas de antaño de los Barrios Altos, el Rímac o La Victoria que solía frecuentar el Maestro, Felipe Pinglo Alva y su compadre y admirador Pedro Espinel… casi nada!

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