La historia de la papa comienza hace unos 8000 años atrás, en las alturas de los Andes en la zona del altiplano entre Perú y Bolivia, en los alrededores de Lago Titicaca. Los grupos de cazadores y recolectores que vivían ahí en esta época comenzaron a domesticar las plantas silvestres de la papa, seleccionando cuidadosamente, mejorando las plantas domesticadas, pasando los conocimientos ancestrales y prácticas tradicionales de generación a generación, de cultura a cultura, hasta que hoy en día existen más de cinco mil variedades de papas en toda la zona andina.

Las antiguas culturas prehispánicas, entre otras los Huari y los Inca, lograron identificar y propagar un rango impresionante de variedades de tubérculos y granos andinos con posibilidades de producirse en diferentes condiciones climáticas, y en distintos nichos y pisos ecológicos, así como combatir las múltiples enfermedades y plagas, manteniendo una producción adecuada para garantizar la seguridad alimentaria de sus poblaciones.

La conquista española de los imperios Azteca e Inca dio lugar al intercambio de crianzas y cultivos entre las Américas y el viejo mundo. La papa se introdujo en Europa y otros continentes, para devenir hoy en día en uno de los cultivos alimentarios más importante en el mundo. No obstante, su importancia como cultivo, actualmente se está corriendo un riesgo de pérdida de la diversidad genética de la papa nativa.

LAS PRINCIPALES RAZONES DE ESTA PÉRDIDA SON:

  1. a) El cultivo de un limitado número de variedades comerciales, bajo sistemas de agricultura intensiva, que incluye el uso de insumos químicos (fertilizantes y pesticidas);
  2. b) La migración masiva durante las últimas décadas de la población de las zonas rurales andinas hacia los grandes centros urbanos, de la Costa y Amazonía, huyendo de la pobreza y la violencia, provocando una ruptura en la transferencia de conocimientos ancestrales y prácticas tradicionales.

Sin embargo, hay razones para ser optimista con respecto a la recuperación de las variedades de papa nativa.

En el mundo científico, liderado por el Centro Internacional de la Papa-CIP, existe el reconocimiento sobre la necesidad de conservar in situ los valiosos recursos genéticos de los miles de variedades de papa nativa, especialmente para descubrir variedades resilientes al cambio climático, y resistentes a las enfermedades y plagas.

Al mismo tiempo, gracias al desarrollo de la gastronomía peruana, basada en el aprovechamiento y promoción de la riqueza de la agrobiodiversidad nativa, se ha despertado la conciencia, curiosidad e interés del público general. También, las comunidades alto andinas y los migrantes de las zonas andinas que viven en los grandes centros urbanos, tienen un gran interés y orgullo cultural para conservar la herencia de sus antepasados

Otros historiadores dicen que los primeros vestigios de papa poseen más de 8,000 años de antigüedad y fueron encontrados durante unas excavaciones realizadas en las cercanías del pueblo de Chilca, al sur de Lima, cuenta el mito que lo primero que hizo el dios Wiracocha después que los fundadores del Imperio Inca, Manco Cápac y Mama Ocllo, emergieron del lago Titicaca fue enseñarles el cultivo de la papa. En la época del Incanato este cultivo fue un asunto de las familias y comunidades, a diferencia del maíz cuyo cultivo y comercialización correspondieron al Estado.

Los incas adoptaron y mejoraron los adelantos agrícolas de las culturas anteriores, y dieron especial importancia a la producción de maíz. Pero la papa fue decisiva para la seguridad alimentaria de su imperio. En la vasta red de almacenes del Estado inca, la papa (sobre todo un producto elaborado con la papa desecada y congelada, llamado “chuño”) fue uno de los principales artículos alimentarios, usado para alimentar a los oficiales, soldados y esclavos, así como reserva para casos de emergencia cuando se malograban las cosechas.

La invasión española, en 1532, puso fin a la civilización inca, pero no a la papa. Porque a lo largo de toda la historia andina, la papa, en todas sus formas, ha sido profundamente un “alimento del pueblo”, y ha desempeñado un papel central en la perspectiva andina del mundo.

Desde ese momento, y con el correr de los siglos, la historia de la papa ha estado relacionada con el desarrollo de variedades adaptables a diversas condiciones ambientales y con su ingreso, en forma exitosa, en casi todos los países del planeta.

Hoy en día, la papa representa una de las contribuciones más importantes de la región andina (y en especial de nuestro país) al mundo entero, por ser uno de los cultivos alimenticios más consumidos y apreciados, y porque de esa manera colaboramos con el fortalecimiento de la seguridad alimentaria de toda la Humanidad.

El Perú es el país con mayor diversidad de papas en el mundo, al contar con 8 especies nativas domesticadas y 2,301 de las más de 4,000 variedades que existen en Latinoamérica. Además, nuestro país posee 91 de las 200 especies que crecen en forma silvestre en casi todo nuestro continente (y que generalmente no son comestibles).

El Centro Internacional de la Papa (CIP) es la institución encargada de la conservación científica de la papa, y al mismo tiempo lo hace con otros tubérculos y algunas raíces. Su labor se inició en 1,971 y tiene como objetivos reducir la pobreza, aumentar la sostenibilidad ambiental y ayudar a garantizar la seguridad alimentaria en las zonas más pobres y marginadas.

Por ello, con el fin de lograr sus objetivos, el CIP viene desarrollando tres formas de conservación in situ de dicho tubérculo: El Centro Internacional de la Papa posee el banco genético de papa más grande del mundo, con más de 5,000 tipos diferentes, entre cultivadas y silvestres, y a partir de ellas desarrolla formas mejoradas para un manejo más óptimo del recurso, sobre todo, en las regiones de montaña y, principalmente, en los Andes. En resumen, el CIP cuenta con muestras de todas las papas cultivadas del mundo y al menos con el 75% de las especies silvestres.

En Andahuaylas los distritos de Huayana y Pomacocha se ubican en el departamento de Apurímac entre los 2,500 y 4,500 m. s. n. m.. Constituyen un espacio territorial donde viven 1,933 personas que mantienen vivo los conocimientos ancestrales y prácticas tradicionales que han permitido la conservación de una amplia diversidad de cultivos y crianzas nativas de esta región andina, de las cuales algunas variedades son endémicas de la zona.

Gracias a la dedicación e interés de estas familias nació la propuesta para la creación de una de las primeras Zonas de Agrobiodiversidad en el Perú, cuyo objetivo es la gestión y conservación de los recursos genéticos de sus cultivos y crianzas nativas y sus parientes silvestres en sus territorios, para promover un desarrollo sostenible y ambientalmente saludable, en beneficio de toda la nación.

Las ganas de aprender, experimentar y mantener vigentes sus conocimientos ancestrales y prácticas tradicionales, han permitido a las comunidades conservar y poner en valor sus cultivos y crianzas nativas, reconociendo sus múltiples propiedades y usos valiosos.

El sistema de agricultura practicado en las comunidades se basa en estrategias desarrolladas a lo largo de los siglos para manejar los riesgos (climáticos, plagas, enfermedades, etc.), que afectan la producción de sus cultivos y, por consecuencia, su seguridad alimentaria.

El agricultor de mayor representatividad en Andahuaylas para preservar semillas y producirla el José Palomino Flores, quien en todo momento mostro su sabiduría al promocionar a nivel nacional e internacional muchas variedades que todavía se produce en las alturas de las comunidades de San Jerónimo; y usted amigo lector a consumido papa nativa, si no lo ha hecho lo que se pierde, este tubérculo ha sido la solución ante el hambre en todos los tiempos en los andes.

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