El crítico literario y estudioso de la cultura inglés, nacido en Salford en 1943, formado en la Universidad de Cambridge, publicó en 1984 La función de la crítica, justo a inicios de la crisis en la teoría y crítica literaria occidental, por lo que fue muy bien recibida por las aulas universitarias, donde desde entonces es leído y apreciado por universitarios, catedráticos y profesionales de la cultura.

Aquella entrega atizó el debate internacional sobre la funcionalidad intelectiva de los críticos modernos, que él estudia, a través de las páginas de su obra, enmarcadas dentro de su contexto histórico, desde su hipotética aparición en los siglos XVII y XVIII, donde aquellos intelectuales y críticos se vieron enfrascados en una lucha contra el Estado absolutista, asumiendo su rol de antisistemas, heterodoxos, cuestionadores y polemistas; y, aunque este libro centre su estudio más en la situación de Inglaterra y el Reino Unido, es un libro imprescindible para los cultores de las humanidades.

En efecto, el autor desarrolla la historia de esta “esfera pública” (como lo llama el gran pensador hermeneuta Jürgen Habermas), que engloba clubes, periódicos, gacetas, cafés, etc., comprometidos con la política de su tiempo; es decir, interrelacionándose con el poder, aunque su verdadero fundamento sea la verdad, no la autoridad, basada en la razón (s. XVIII).

Más adelante, se verá este tipo de crítica más comprometida con la política que con la escena cultural (producto de la Revolución Industrial); es decir, más preocupada por la moralidad pública, y surgirá la imagen del “sabio”, y, muy pronto, el de “hombre de letras” (s. XIX). Entonces dice Eagleton: “El crítico no puede vencer las leyes del producto literario, por mucho que discrepe de ellas”. El creador y el crítico podían ser la misma persona; es más, actuaban como tal.

Sin embargo, a partir del último cuarto del siglo XIX, recuerda Terry Eagleton, existe la profesionalización de las materias, lo que produjo la creación de revistas especializadas en Inglaterra, donde la universidad cobra vital importancia. Esto creará, en el siglo XX, un lenguaje especializado, clara tendencia de la teoría y crítica literarias contemporáneas: el sujeto, el otro, la historia, el metalenguaje, la cognición, los sistemas significativos en su conjunto como ciencia.

Al final, la propuesta de Terry Eagleton es volver a la crítica en su función “tradicional”, no inventarle una ocupación novedosa o algo demagógico: “La función del crítico es oponerse a ese dominio [subjetivo] volviendo a conectar lo simbólico con lo político, comprometiéndose a través del discurso y la práctica con el proceso mediante el cual las necesidades, intereses y deseos reprimidos puedan asumir las formas culturales que podrían unificarlos en una fuerza política colectiva”. Por eso, este libro es una interesante propuesta.

En ese sentido, estudiosos de diferentes países afirman que Terry Eagleton concluye que la crítica literaria todavía en este momento no es un discurso autónomo. Lo que hacen en esencia las revistas académicas y universitarias es un trabajo humanístico ético unido a la reflexión cultural, moral, religiosa y de la vida cotidiana. La crítica todavía no es literaria, es cultural. Por ello, se enfoca la figura del crítico literario más como un estratega cultural que como experto literario. En ese sentido, se menciona el grandioso aparato teórico, filosófico y cultural en la enseñanza de la crítica literaria de todas las universidades del mundo.

Cabe resaltar que Terry Eagleton tiene dos libros fundamentales (Cómo leer literatura y Cómo leer un poema), donde postula, como Jorge Luis Borges o Harold Bloom, que la lectura hedónica (que es el trabajo más importante del crítico literario) debe centrarse únicamente en la funcionalidad orgánica del texto literario; es decir, debe ser estudiado desde el punto de vista de las figuras literarias, la historia bien entendida, y el universo estructurado en palabras y frases. En otras palabras, en la lectura atenta del texto literario en sí.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas páginas virtuales, antologías, revistas, diarios, plaquetas y/o, de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

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