Hoy es el día de la canción criolla, efeméride de gran alegría, confraternidad y amistad, por lo que significa el acervo cultural artístico, pródigo en brillantes compositores y excelsos intérpretes, en nuestra patria, de diversas etnias, pero de un solo sentimiento, para nosotros tiene un lugar especial Felipe Pinglo Alva, antes de Chabuca Granda, Mario Cavagnaro y Augusto Polo Campos.

Por cierto existen muchos otros compositores brillantes, es muy complicado de señalarlos, sin que no olvidemos algunos, pero en el vals social y poético, destacan los dos primeros que citamos , el vals tiene muchas variantes, como jaranero, melódico, popular, nostálgico, a ellos, Cavagnaro le incluyó la replana , José Escajadillo añadió pasión, Baluarte, romance, y Polo Campos peruanidad.

Pero hoy, día de la canción criolla, vamos a recordar a Felipe Pinglo Alva, por el contenido social que imprimió a sus composiciones, como “pobre obrerita”, “Jacobo el leñador”, “la oración del labriego”, “el canillita”, “mendicidad”, “el plebeyo”, las cuales más allá del mensaje que ofrecen, muestra la realidad de su tiempo, empero, actualmente, vemos que no han cambiado las cosas.

Pinglo fue un trabajador gráfico y dirigente sindical, a los 20 años participó por la conquista de la jornada de las ocho horas y años después, en 1923, marchó al lado de los obreros y estudiantes que sepultaron los restos de Salomón Ponce y Alarcón Vidalón, caídos en 23 de mayo en el pasaje Los Huérfanos. “El plebeyo” estuvo alguna vez proscrito, aun así, era cantado clandestinamente.

El pueblo peruano encontraba en la letra de su composición, el desfogue para la proscripción política que entonces vivían miles de peruanos. A ese Pinglo, cuya obra tuvo un verdadero convenio social y que es el símbolo más expresivo de nuestra música le dedicamos estas líneas. En el día de la canción criolla, guitarras, castañuelas, cajón, darán la bienvenida a su majestad el vals.

Felipe Pinglo Alva, uno de los más brillantes compositores de nuestro cancionero, vivió poco, solo 36 años, pero supo imprimirle a su vida, alegría, sentimiento y coraje, y como los grandes sabios supo capear la desventura, a través de sus canciones, contó su biografía, testimonio evidente de cuanto quiso a la música criolla, como siempre ocurre con los grandes hombres, murió en su ley.

Felipe fue un superdotado como autor y un engreído con las mujeres con las que fue afortunado. Le gustaban en especial las morenas como lo confesaran sus amigos. Nombres como Rosa Luz, Porfiria, Angélica, y Dolores formaban parte de su profusa obra. Era un premio para ellas por sus amores con el Maestro, y aunque no consiguieron conquistarlo sus nombres quedaron grabados.

Tenía solo 17 años cuando compuso su primer vals, que abrió los ojos y penetró a los oídos de los criollos más rutilantes de su generación. “Amelia”, la primera canción de Felipe Pinglo, lo afirmó como autor y compositor, fue el comienzo de su fecunda obra. Esta canción le abrió las puertas de la fama, y su apellido empezó a ser nombrado con respeto, luego incursionó en marinera y polca.

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