ENSAYO SOBRE LA POBREZA

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Carlos Iván Landa Kerschbaumer

La Política de Aristóteles y la República de Platón, obras clásicas, que relatan un ideal social de buen gobierno, de manera justa y equitativa, solo ha quedado en los libros de estudio, porque en las épocas actuales, la distribución de la riqueza sigue siendo injusta, porque los ricos siempre cautelarán sus intereses y los pobres solo tomarán lo que resta.

La injusticia social, por larguísimos años, ha sido el caldo de cultivo del que han bebido grupos extremistas y subversivos para que a nombre del abandono y la pobreza, fomenten la violencia, pero en el resumen del conflicto, quienes más han perdido han sido los pobres de nuestro país, asesinados y vilipendiados, algunos usados como burriers de los narcos.

Ese es el costo social, la muerte como riesgo de la pobreza, la aventura y el peligro en busca de cambiar la historia, salir de la mediocridad, a la que han estado sumidos por generaciones, en un pasado lamentable, donde el estudio y un título profesional bajo el brazo, es prácticamente un espejismo o una quimera y donde el reto solo es sobrevivir.

En ese escenario viven segmentos de peruanos del país, apretujados en familias numerosas, hacinadas en viviendas miserables, en quintas de un solo caño, con una sola cama, para padres hijos, bacinicas y cocinas al lado, hedor nauseabundo, cubiertas de esteras, colchón de paja, propensos a la delincuencia y al sicariato por un plato de lentejas.

En otro lado de la sociedad se encuentran los peruanos ricos, con vehículos de marca, último modelo, pertenecen a grupos de poder, convertidos en prósperos negociantes, pasean orgullosos como pavos reales, con billetera ancha, capaces de cerrar una discoteca, y despilfarrar todo el dinero en un día, mientras el pobre traga saliva y maldice su suerte.

Ese es el país que los nuevos gobernantes encuentran, muchos pobres que viven de pesetas, y que difícilmente les quede algo para ahorrar y otros que se irrogan ser los dueños del país, ellos disfrutan de la fortuna, que debería distribuirse entre todos los peruanos, y que siempre son amedrentados por el poderoso que abusa del temeroso.

Ojalá que nuestros políticos tomen nota de la historia, recojan esta realidad, y la cambien de una vez por todas, asumiendo que solo actuando con equidad y respeto pueden tocar la gloria, que se den cuenta, que la segregación y la discriminación son delitos perversos, que todo el mundo los repela con dureza por ser parte de un oprobioso y cruento escenario.

En el epílogo, de esta nota, nos preguntamos, qué están haciendo los actores sociales para contribuir con argumentos a la sociedad, seguramente muy poco, porque no existen diálogos, planteamientos, ni ideas nuevas, que generen alianzas por el desarrollo; la pobreza y las lacras sociales pueden exterminarse si todos los peruanos estamos unidos.

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