Estos días se viene desarrollando la V Feria Internacional del Libro de Ayacucho, que, como nos tienen acostumbrados los organizadores, se ofertaron diversos libros de diversas editoriales del interior y de la capital del país, a precios módicos y accesibles; además, hubo recitales, presentaciones literarias, musicales y disertaciones sobre temas culturales de gran importancia.

Sin embargo, quiero centrarme en una de las presentaciones de la semana pasada, que sucedió el pasado miércoles 29 de setiembre, donde el joven escritor Russel Atao Luján presentó su libro Tanatofobia y Humo mortal de incienso (Editorial Amarti, 2021), que, como las ediciones de libros clásicos en la Editorial Cara y Cruz, presenta dos libros en uno.

Lo que salta a la vista de esta propuesta literaria (mitad poemario y mitad nouvelle) es la conciencia literaria que ya posee este escritor adolescente (pues solo tiene dieciséis años), que ha decidido editar su ópera prima para comenzar el largo camino de la literatura. Aquel que varios inician con buen pie, muy exaltados, casi en la adultez y que, también, muchos abandonan por las obligaciones, los deberes, los problemas.

Sin embargo, solo los mejores y los más comprometidos son coherentes con sus inclinaciones artísticas y, por ello, tienen grandes ambiciones que buscan alcanzar en su vida de escritores y artistas, y que, por ejemplo, como Julio Ramón Ribeyro, todo lo soportan con tal de escribir una obra memorable. Eso lo decide uno desde muy joven.

Roberto Bolaño, el genial escritor hispanoamericano, afirmaba que el destino de la poesía siempre posee un aura joven, un espíritu lozano, un fuego adolescente; y, por eso, ponía el ejemplo de dos poetas geniales, que, como debe ser en la poesía, son jóvenes y, también, fenomenales.

Y es que el autor 2666 califica a Rimbaud y Lautréamont como los “poetas por excelencia”: “Quien se atreva a tocar, pero a tocar de verdad a Rimbaud y a Lautréamont, se quema”. Y eso puede pasar con los lectores iniciantes al leer cualquier escritor clásico y genial; es decir, que, al leerlo, se transforma en cenizas y en ascuas de un fénix que resucitará en el nuevo aspirante a escritor.

¿Y quién habla a través del poeta o genio? Foucault afirmaba que una especie de Dios. Platón destacaba un “demonio o espíritu”. Mallarmé que “lo eterno que no cesa de escribirse”. Son ideas románticas, pero que de algún modo explican aquel fenómeno inscrito en el gen de los hombres, aquel genoma que obliga al ser humano a distraerse digitando palabras, armando frases o versos, componiendo párrafos o estrofas, hilvanando historias y anécdotas; es decir, forjando la literatura. Y, también es cierto, que en algunos despierta mucho más temprano que en otros.

El joven Russel nos presenta dos libros en uno: Tanatofobia y Humo mortal de incienso, un cuento largo y un poemario. Por ello, desde ahora, desde que este manuscrito de doble rostro sale a la luz, el autor se convierte en un escritor novísimo que se abre camino en este sendero complicado y sinuoso que es el escribir; es decir, su lectura constante de obras literarias y su pasión dan frutos que le obliga a germinar, como un padre, a estos gemelos, por no decir, siameses.

Tanatofobia es un cuento de corte detectivesco donde el hilo conector de la historia es una revuelta de asesinatos de personas que crían gatos. Nunca logra resolverse aquellos crímenes y el asesino a quien contrataron termina enamorado de lo que le quitan. El autor deshilvana a sus personajes en otros contextos donde pasan su vida apegada al arte: venden cuadros de pintura, libros, les gustan la buena música y, sobre todo, aman a los gatos.

Humo mortal de incienso, por su parte, es un poemario donde el yo poético trata de revelar su visión del mundo, intentando dar una estética propia a través de las imágenes; como joven poeta, el amor también está presente, pero no se embriaga de él. Se va desde descripciones, situaciones, ambientes; trata de pintar con la palabra aspectos de la vida y del amor.

En ambas entregas, como observamos, existe un delicado entramado que desarrolla los acercamientos y distanciamientos del objeto causa del deseo o, como diríamos con Jacques Lacan, el objet petit a o el objeto a, donde el inconsciente, en el fondo, revela el espíritu creador de los propios demonios de un joven escritor.

Por ello, el amor de una muchacha hermosa, el ambiente artístico por excelencia o el temor de ser asesinado por criminales, son fuerzas que impulsan la erupción de un volcán, que vendría a ser nuestro propio e íntimo torrente apasionado o, en otros términos, nuestros demonios personales, históricos o culturales; que solo se concretizan con la escritura literaria o, en términos generales, la literatura. En ese sentido, está en las manos del joven escritor Russel decidir si, como todo hombre consecuente con sus ideas, continúa o no en el camino de la literatura.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas páginas virtuales, antologías, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

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