El banco de la nación es por excelencia el monumento a la ineficiencia del estado, un título que se lo ha ganado a pulso, a base de mucho esfuerzo y muy bien ganado.

Esta entidad bancaria estatal está ubicada en una de las calles más concurridas de la ciudad de huamanga como lo es el Jr. 28 de julio, que sumado a la presencia de esta pésima institución provoca una aglomeración descomunal de gente por toda esta calle, todos lo hemos visto o vivido en algún momento de nuestras vida.

La semana pasada un vigilante de esta agencia bancaria fue captado haciendo gala del minúsculo poder que le otorga su oficio, manifestando que “él era el que decidía quien ingresa y quien no”, un acto totalmente condenable por donde se lo vea.

El martes 03 de agosto por una imperiosa necesidad me vi obligado acudir a una de las oficinas de este banco, pero sabiendo del conglomerado de gente que hay en dicho lugar elegí por acercarme a una de sus minúsculas oficinas que está ubicada en el distrito de Jesús azareno, y digo minúsculas por que 2 ventanillas es más que suficiente para un distrito como este, y que además será más que suficiente para descongestionar el local central de 28 de julio, magnífica idea de los señores del banco de la nación, ¡todo unos capos!

Después de una larga espera y a punto de entrar al local advierto que solo estaba atendiendo una ventanilla de las 2 que hay, así que le manifesté al vigilante ¿el porqué de este hecho?, a lo cual me respondió que era el horario de refrigerio, ¿a las 3:30 de la tarde? No te parece un horario algo inoportuno para hacer eso.

Ya bastante incomodo este vigilante por las preguntas que le hacía me dijo en un tono de voz muy elevado, por no decir gritando, que no hiciera muchas preguntas y que las cosas son así acá. Con la poca paciencia que aún me quedaba le dije que no era correcto levantar la voz ya que era un empleado que trabaja en una institución del estado, esto desato más aun su ira y me dijo que me retirara, ante esto saque el celular para tratar de grabar el maltrato del cual estaba siendo víctima, pero no se me permitió, aduciendo que está prohibido grabar en el banco, ¡oye pero estoy en la calle! aún no he ingresado al local así que estaba en mi derecho grabarlo. Ya para terminar todo esto me propino una serie de palabras en quechua que nunca llegue a entender y que produjo las risas de más de uno de los ahí presentes. En ese momento en mi cabeza recorría aquella frase de Aristóteles que decía: “Enojarse es fácil. Enfadarse con la persona adecuada en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto; eso sí que es difícil”. Y efectivamente que es difícil, así que hice caso omiso aquellas sabias palabras y eleve el tono de mi voz lo más alto posible muy encolerizado para increpar al vigilante por agravio y discriminación por no ser quechua-hablante.

La pregunta es la siguiente ¿puede este hecho ser considerado un acto de discriminación? o es solo es un hecho anecdótico y sin importancia. Para la policía y fiscalía no pasa de ser una ocurrencia de mala atención, pese a que la “ley contra actos de discriminación” sanciona el “incitar o promover en forma pública actos discriminatorios por motivos raciales, idioma, identidad étnica, económica”, siendo reprimido con pena privativa de la libertad no menor de dos años, ni mayor de tres.

¿Qué opinas?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

*