Si alguien pensaba que luego de los difíciles momentos que vivió el Perú, tras los sucesivos hechos de corrupción perpetrados por diversos gobiernos y encarcelamientos de sus líderes, el país habría aprendido y no se volvería a equivocar y no habría más convulsiones sociales y perturbaciones, tenemos que decir que nuevamente la política nos demuestra que extenderemos la intranquilidad.

La población, en su intento de buscar nuevos rostros que gocen de credibilidad y moralidad, eligió a Pedro Castillo Terrones profesor de Cajamarca, identificado más con la política sindical y las luchas contra la autoridad en su reclamación de derechos sociales, que trastoca su naturaleza y se coloca al lado opuesto, pasando de “incendiario a bombero”, alcanzando la presidencia del Perú.

Pedro Castillo Terrones, el virtual mandatario de nuestro país, que levantó a las masas el año 2017, enfundando las banderas de Modavef, lo que no es nada nuevo, porque también otros maestros lo hacen, como sabemos, la reivindicación social hizo que banderas rojas con la hoz y el martillo, iniciaran la lucha sindical, como Partido Comunista, pero no los convirtió en criminales.

En circunstancias de real confusión como en Cuba, Venezuela y Nicaragua, (no incluimos a Bolivia, porque se trata de un país que combina el socialismo con el capitalismo, como el caso de China) la población votó por Castillo, creyendo en su real aproximación al Alto Perú, un gobierno de Pedro Castillo se acercaría más al régimen boliviano y a larga distancia de Maduro, Ortega y Díaz Canal.

Lo contrastante es que en esa dirección, los electores hayan votado por un ideario de “Perú Libre” de clara ideología marxista leninista, capaces de generar violencia, expropiaciones de medios y propiedades privadas y nacionalismos, como el caso del general Juan Velasco Alvarado que hundió al país, muy cerca estuvo Alan García, con su populismo y la generación de inflación a raudales.

Pedro Castillo, tomó los servicios de “Perú Libre” para convertirla en su casa política, tras haber sido militante sin éxito en partidos como “Perú Posible”, quizá admirado de la gesta popular que llevó al economista Alejandro Toledo a enfundarse en la marcha de “los cuatro suyos” con vincha en la frente y luchando contra el fuji-montesinismo que intentaba a perpetrar un fraude electoral.

Para ganar la primera vuelta con 19 puntos, cifra muy lejana a los naturales 40 puntos o más, el país le estaba diciendo a Castillo que debería trabajar para sumar adeptos, porque con eso no le alcanzaba, fue así que superó los 50 puntos en la segunda vuelta, con el mensaje que debe entender que existe mitad del país que desconfía de él, por eso su gobierno debe democratizarse.

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