14 julio, 2024

En la pequeña feria de libros que tuvo lugar en Huamanga hace unas semanas, me compré una antología en dos tomos de artículos periodísticos sobre literatura y cultura escritos por Sebastián Salazar Bondy desde 1945 hasta 1965. Esta obra, titulada La luz tras la memoria (Lápix Editores, 2014), me pareció un libro interesante y entretenido de principio a fin.

En el libro, Salazar Bondy reflexiona sobre temas como las crisis de lectura en nuestro país, debidas al elevado índice de analfabetismo de la época, y sobre los autores más destacados del momento, es decir, del primer lustro de los años sesenta del siglo pasado. Como gran lector y ensayista que era, tal como lo demostró en Lima la horrible (1964), un ensayo esteticista sobre, entre otros temas, los defectos de la capital limeña, Salazar Bondy revela su aguda capacidad crítica al abordar diversos temas culturales y literarios que recibían poca atención en el espacio periodístico de esos años.

Sebastián Salazar Bondy fue, según lo reconocieron todos los intelectuales posteriores a él, una luminaria crítica que deslumbró en una época que casi carecía de periodismo cultural de investigación. Además, en el teatro también fue un precursor, al igual que en otras ramas incipientes de nuestra literatura nacional. Pese a su temprana muerte por problemas hepáticos a los 41 años, Salazar Bondy abordó las noticias más importantes del mundo literario y cultural de esos años, disertando sobre escritores, editores, bibliotecas y funcionarios, entre otros temas.

Desde la preocupación por la falta de novelistas y de novelas en Lima, la capital del Perú, hasta la elevación al canon literario de ciertos autores que entonces eran muy respetados, Sebastián Salazar Bondy abarcó buena parte de la historia literaria de nuestro país, en especial del siglo XX, cuando la literatura peruana disfrutó de un auge esplendoroso.

Entre los autores que analiza, ensalza o critica se encuentran Juan Mejía Baca, Enrique Congrains Martin, Abraham Valdelomar, César Vallejo, Ricardo Palma, José María Eguren, Juan Parra del Riego, José Diez Canseco, José Carlos Mariátegui, Carlos Oquendo de Amat, Luis Valle Goicochea, Javier Sologuren, Mario Vargas Llosa, Blanca Varela, Carlos Germán Belli, Martín Adán, Javier Heraud, entre otros nombres importantes. El libro es una gran fuente de información sobre lo que se estudiaba en el periodismo cultural de nuestro país.

Un punto importante es cuando Salazar Bondy analiza Los jefes (1959) y La ciudad y los perros (que él menciona bajo uno de sus títulos anteriores, La morada del héroe). Salazar Bondy consideraba que la literatura del futuro Nobel se valía del patetismo de sus protagonistas para crear grandes obras, pero que, de hecho, vaticinaba el grandioso futuro de Mario Vargas Llosa como escritor, pues para entonces el arequipeño ya había sido reconocido con varios premios internacionales por sus obras publicadas y Sebastián Salazar Bondy lo señala puntualmente.

Su último artículo publicado antes de fallecer fue el dedicado a José María Arguedas y su obra Todas las sangres (1964). En él, reconoce a Arguedas como un gran amigo y escritor, y se rinde en elogios ante su figura como intelectual en esa una de sus últimas novelas. Considera la novela una obra total y fundamental, aunque, mientras avanza el artículo, encuentra ciertos aspectos que podrían mejorarse. Por ello, un gran acierto que tuvo el editor Alejandro Susti.

Desde Lima me llegó un libro de poesía premiado en el VIII Concurso Nacional de Poesía de Mujeres SCRIPTURA, titulado La esclava libre (Carpe Diem Editora, 2023), de Mercedes Tinoco Obregón. Comencé a leerlo con grandes expectativas, pero al final me decepcionó. Me pareció un poemario básico, sin ambiciones ni logros, es decir, muy mediano y casi superficial.

Otro libro que me pareció superficial, mediano y básico, además de anecdótico y picaresco, fue Con cama adentro y otras travesuras (Edición de Autor, 2015), de Darío Vásquez Saldaña. Aunque el autor tiene potencial como narrador, su prosa y el cuidado del estilo del libro tienen mucho que mejorar. Creo que, con un mejor trabajo, el libro habría sido bueno, aunque a personas de buen criterio les podría parecer chabacano, vulgar o hasta obsceno.

El libro está ambientado en la selva norte del país, donde abundan la pobreza, el narcotráfico, las fuertes desigualdades económicas y las cuestiones casi feudales en estos tiempos convulsos. Se nota la picardía, el tono elevado, el drama chistoso y la viveza de los protagonistas, lo que hace que el libro sea divertido hasta cierto punto, pero también hace que se caiga de las manos.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Finalista en Poesía del Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Huauco de Oro” (2024). Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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