24 abril, 2024

Una y otra vez he escuchado, de voces provenientes de determinados sectores, la necesidad de generar un candidato único de la derecha para hacer frente a la amenaza que sin duda representa para el Perú la extrema izquierda totalitaria, violentista y corrupta cuya encarnación más vívida la tenemos en el reciente desgobierno de Pedro Castillo.

Esta fórmula simplista –la del candidato único– no viene, sin embargo, acompañada de un intento crítico para explicar el porqué de las votaciones obtenidas por los marxistas-leninistas que culminaron con la victoria de Castillo: con o sin fraude, tuvo en su momento un claro y evidente respaldo popular, que las encuestadoras tradicionales sólo registraron cuando ya estaba ganando la primera vuelta (?).

Un primer tema central es la vocación de la permanencia del statu quo. La fórmula permite aglutinar perro, pericote (hay lamentablemente muchos) y gato en un esquema que prescinde de la necesidad de limpiar de corrupción la política peruana y aplicar debidamente la Constitución de 1993 que jamás se ha respetado en la definición fundamental de establecer una economía social de mercado con un Estado que cumpla con el pago de la Deuda Social en educación, salud, justicia y seguridad ciudadana y lucha eficiente contra la pobreza.

La economía peruana no es neo liberal como repite la monserga comunista (y les regalo, para simplificar, el término “comunista” ya que ni eso son los rojos de siempre) . Lo que tenemos es una economía mercantilista en la que existen monopolios y oligopolios que hacen de las suyas, que están prohibidos o regulados en las economías de libre mercado y que hacen tabla rasa de la propia Constitución del 93 cuyo artículo 61 señala:” El Estado facilita y vigila la libre competencia.

Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios”.

Está claro que la lucha contra la violencia estructural, léase pobreza, marginación e injusticia, no pasa por las horcas caudinas del socialismo estatista, corrupto e ineficiente, sino que debe desarrollarse en nuestra Patria bajo el contexto de una democracia liberal en la que el Estado ejerza el papel que la Constitución vigente le señala, lo que tampoco se ha cumplido ya que aún en los momentos de mayor crecimiento económico el desarrollo social ha sido incongruente y reducido por la inmoralidad e incapacidad de gestión de sucesivos gobiernos centrales y regionales y la falta de efectiva responsabilidad social de la mayor parte del sector privado, formal o informal.

El caldo de cultivo de la enorme Deuda Social existente está ahí. Lo que necesitamos no es un candidato único del statu quo, sino que surja un compromiso hondo y real con la imperiosa necesidad de realizar una auténtica Revolución Pacífica en el Perú que genere el consenso para consolidar nuestra democracia.

* Presidente de Perú Acción

Presidente del Consejo por la Paz

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