EL RETIRO LITERARIO DE MARIO VARGAS LLOSA Y EL ADIÓS A HÉCTOR ÑAUPARI Y A LOUISE GLÜCK

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 Este jueves salió a las ventas en las librerías Le dedico mi silencio (Alfaguara, 2023) de nuestro Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien, además, preanunció su retiro definitivo de la escritura de obras literarias, que, según conocemos, hasta la fecha tiene más de cien títulos diferentes publicados. Esta última novela está inspirada en la vida y en las lecturas de los libros de Jean Paul Sartre, uno de los grandes modelos de autores que Mario Vargas Llosa admiraba de joven y por el cual le decían “El Sartrecillo Valiente”.

De Mario Vargas Llosa, gracias a sus libros, conocí el uso de las técnicas literarias más innovadoras de la literatura del siglo veinte. Ellos, por ejemplo, son los diálogos telescópicos, que se intercalan en diferentes tiempos y espacios mientras sus protagonistas conversan. Aquellos son utilizados en La casa verde (1966) o Conversación en La Catedral (1969), solo por poner dos ejemplos.

Por Mario Vargas Llosa leí y admiré a Jean Paul Sartre, Albert Camus, William Faulkner, James Joyce, Jorge Luis Borges, Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Honoré de Balzac, Herman Melville, John Steinbeck, J. D. Salinger, John Dos Passos, Saúl Bellow, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Thomas Mann, Herman Hesse, Heinrich Böll, Aldous Huxley, Henry Miller, Elías Canetti, Doris Lessing, Vladimir Nabokov, Alberto Moravia, Boris Pasternak, Günter Grass, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Aleksandr Solzhenitsyn, Yasunari Kawabata, Juan Carlos Onetti, y a todos los autores y sus obras que estudiaba en sus ensayos o en sus artículos periodísticos que publicaba cada semana o cada dos semanas a lo largo de los años.

También aprendí de los bloques narrativos, el monólogo interior, las cajas chinas, el melodrama, los vasos comunicantes, el flashback, la perspectiva múltiple, la perspectiva absoluta, el flujo de la conciencia, el collage, el trasloque, entre otras técnicas literarias que Mario Vargas Llosa utilizaba con pericia y que hacían que sus novelas estuviesen armadas como pequeñas joyas preciosas.

Además, el criollismo, el peruanismo, el sexualismo o el erotismo siempre estaban presentes en su literatura. Don Mario Vargas Llosa era un autor muy peruano, y por eso se podía respirar el ambiente limeño, selvático, andino, en sus obras literarias. Sus personajes se portaban como peruanos y ejercían de peruanos, y siempre había una marca indeleble en todos ellos de la nacionalidad peruana, por más que incluso actuasen de otras nacionalidades.

Aunque, como decía Carmen Balcells según Jaime Bayly, Mario Vargas Llosa era “el primero de la clase” y Gabriel García Márquez “el genio”. Tal vez por eso Mario Vargas Llosa prefiriese a León Tolstói, que, según George Steiner, era el autor disciplinado, ratón de biblioteca, el lector compulsivo, el que investiga demasiado; y, como contraparte, Gabo sería el Dostoievski, el genio por naturaleza, el innovador, el demiurgo. Sin embargo, y esto todos deben tenerlo en claro, todo se logra con disciplina, con entusiasmo, con jerarquía, pues, como decía Pablo Picasso, “que la inspiración te encuentre trabajando”.

Por eso, el retiro literario de Mario Vargas Llosa dejará un hondo vacío en la literatura peruana. De él muchos aprendimos qué era sentir “el fuego de la escritura literaria”, la pasión por las letras y la lectura, a admirar la vocación férrea del escritor, a preferir la disciplina y el trabajo en detrimento de la bohemia y la disipación, a ser consecuentes con sus idealismos y sus aspiraciones, a soñar en grande… Todo un maestro don Mario Vargas Llosa.

Por otro lado, hace unas semanas falleció el poeta, jurista, liberal y amigo (sobre todo amigo) Héctor Ñaupari, con quien, cuando yo radicaba en Lima, nos topamos en algunos recitales, ciertas presentaciones y en algún que otro evento cultural. En mis épocas difíciles de redactor periodístico a distancia me ofreció ayudarme en los problemas legales que yo pudiese afrontar por dicho oficio, y entonces sentí que existía gente buena a pesar de todo. Fue en un recital. Y él fue uno de los pocos poetas (si no el único) que pudo vender uno de sus poemarios luego de su lectura poética. Del poema recuerdo que era apasionado, lindando con lo erótico, de tono lubricante. Y eso no tiene nada de malo. Cuando vi que le pagaban en billete, lo vi como un ganador.

Uno de sus grandes amigos, el editor Julio César Benavides Parra, me dijo con tono quejumbroso: “La amistad es un regalo de Dios según las Sagradas Escrituras y en la escuela es lo primero y lo más valioso que cultivamos. Héctor Ñaupari era creyente y amigo, intelectual, brillante, enamorado, político y hombre con el corazón abierto. Así como la palabra amor, la amistad es eterna e incomparable. La poesía: su hermana, su novia, su amante y esposa. Eso era ella para el gran Héctor. Ha partido como el hermano Miguel de nuestro gran César Vallejo, dejando la mesa y la casa sin su presencia. Es un sonido, un eco y un vacío que suena como la caída del agua desde el precipicio”. Para finalizar estas líneas, quiero citar unas palabras de Julio Iglesias que Héctor Ñaupari compartió en su facebook unas horas antes de su deceso: “Viví, siempre viví y ha sido así mi vida entera. Jamás me arrepentí y fui feliz a mi manera”.

También hace unas semanas ha fallecido Louise Elisabeth Glück, la duodécima poeta laureada (2003-2004) por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la Premio Nobel de Literatura del 2020, autora de poemarios poderosos como El iris salvaje (1992), Ararat (1990), Vita Nova (1999), Averno (2006), entre otros. Su poesía, cuando la leo, siento que está muy bien trabajada, a partir de lo racional y lo emocional, donde lo metaliterario y lo intertextual importa demasiado.

La poesía de Louise Glück es conocida por su lenguaje preciso y evocador, así como por su capacidad para transmitir emociones y experiencias humanas profundas. Sus obras han sido elogiadas por su belleza lírica y su capacidad para tocar aspectos universales de la experiencia humana. Si te interesa la poesía contemporánea, la obra de Louise Glück es una lectura valiosa. ¡Por eso, a leer a estos tres autores!

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Textos suyos aparecen en páginas virtuales, antologías, revistas, diarios y/o. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relatos (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Semifinalista del Premio Copé de Poesía (2021). Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Auto publicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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