20 junio, 2024

En el centro poblado de las Américas de Abancay

La improvisación de los funcionarios de la comuna provincial es cada día más evidente al mostrar incapacidad de poner orden en la ciudad.

Esta mañana despejaron las calles del populoso Centro poblado de las Américas invadido por el comercio ambulatorio, con intención de reubicarlos en el Mercado Centenario; y debido a la mala organización y falta de acondicionamiento de dicho mercado, los comerciantes por la necesidad de vender sus productos tuvieron que invadir las zonas de parqueo de vehículos que tanta falta hace en la ciudad de Abancay.

Esta mala organización e improvisación de los trabajadores del alcalde Raúl Peña Sánchez, perjudica no sólo a los comerciantes, sino que también a los dueños de los vehículos que están siendo perseguidos por la grúa remolcadora al no tener donde estacionar sus vehículos.

LA NECESIDAD DE VENDER CRECE

No existe un modelo único del vendedor ambulante, por el contrario, este grupo representa -tal vez- el fenómeno más variado de la actividad económica en el centro de la ciudad. Hay tanto hombres como mujeres, niños, adultos jóvenes y adultos mayores. Hay vendedores con una gran cantidad de mercancía y aquellos que solo cuentan con una mochila en la que almacenan sus productos. Es más, de acuerdo al área que ocupan, se presentan diferentes características.

Por ejemplo, en las avenidas, los vendedores ambulantes se congregan en los paraderos de los buses, vendiendo snacks, comidas de paso y frutas. La mayoría de estos vendedores son estáticos, por ello no “llaman a gente”. Curiosamente, son quienes siguen sus actividades con total naturalidad a pesar de que a tan solo unos metros de ellos haya presencia de efectivos policiales. Por el contrario, aquellos vendedores que transitan entre jirones y avenidas, se encuentran en constante movimiento y sí promocionan lo que venden. Contrario a los primeros, sin embargo, estos no trabajan tranquilamente, ya que están siempre atentos a la presencia de los fiscalizadores municipales, quienes, a diferencia de los policías, poseen la potestad -aunque limitada- de despojarlos de sus mercancías.

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