COLUMNA DE OPINIÓN

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Dr. Francisco Diez Canseco

El retorno a la bicameralidad, aprobado en primera votación por el Congreso de la República, es un paso adelante pero relativo en la urgente necesidad de efectuar una reforma de fondo que procure desterrar las prácticas anómalas de una institución fundamental para la democracia que viene caminando cuesta abajo en la rodada gracias a una subclase política oportunista, ineficiente y corrupta.

Por lo pronto, el número de integrantes de cada cámara legislativa previsto en la norma sancionada demuestra poca imaginación y sentido reformista ya que no es otra cosa que una réplica del establecido en la Constitución de 1969: considero que, de acuerdo con la propuesta de mi partido Perú Acción, debe haber 25 senadores representando a cada una de las regiones del Perú y 196 diputados que representen a cada una de nuestras provincias para que haya una efectiva representación de nuestro país que real y efectivamente se preocupe de los intereses de todos nuestros compatriotas.

Es también necesaria la revocatoria del mandato, tal como ocurre con alcaldes y regidores, para que los legisladores no puedan cubrirse entre sí frente a casos flagrantes y escandalosos como los que percibimos cada vez con mayor frecuencia y el propio pueblo que los elige se encargue de mandarlos a su casa.

Debe eliminarse el sueldo de los parlamentarios y establecerse un régimen de pago por concurrencia presencial al pleno y a las comisiones de trabajo: de esa manera, se ganarán el pan con el sudor de su frente y no desde Miami o la playa, preservando la presencia virtual sólo para situaciones excepcionales.

La eliminación del transfuguismo –consagrada por resolución de la cuatrinca zurda que manejó el Tribunal Constitucional en el 2018– evitará la aparición de ilegítimas “banquitas” parlamentarias formadas por tránsfugas: quien abandona el partido que lo llevó al Congreso debe salir de dicha institución para ser reemplazado por el respectivo accesitario.

Fuera los numerosos asesores que han generado la creación de una nueva clase de parlamentario: el mochasueldo. Debe reducirse ese número exuberante e innecesario a una secretaria y un asesor debidamente calificado y crearse un cuerpo multidisciplinario de asesores para todos los parlamentarios.

Por cierto, todas estas reformas planteadas por Perú Acción tienen que ir acompañadas de un filtro real que impida la llegada de delincuentes al Congreso y de la creación de una conciencia colectiva que impulse a la ciudadanía a votar por candidatos honestos, capacitados, con sensibilidad social y vocación de servicio lo que significa también el destierro de las corruptas maquinarias electorales hoy existentes con la careta de “partidos políticos”.

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