22 junio, 2024

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, demostró con sus discípulos que la interpretación psicoanalítica ha invadido todos los ámbitos de la actividad social y cultural. Según Harold Bloom, Freud era uno de esos genios que revolucionaron la literatura. Críticos especializados han señalado que Freud ha sospechado que la conciencia puede ser mentira al prestar importancia al inconsciente y sus pulsiones subjetivas. Esto ha puesto en apuros a las disciplinas humanísticas que planteaban: mente = conciencia = pensamiento = lenguaje = significado.

En este sentido, el verdadero aporte psicoanalítico a la literatura en general, y en especial a la crítica literaria, se daría con Jacques Marie Émile Lacan, un lector e intérprete voraz, pues como dice Slavoj Žižek: “para él [Lacan], el psicoanálisis es un método de lectura de textos, orales (el discurso del paciente) o escritos. Qué mejor forma entonces de leer a Lacan que poner en práctica su modo de leer, de leer textos de otros con Lacan”.

Por otro lado, se hace referencia y se sabe que Lacan recurrió a una variada tribu de teorías, de la Lingüística de Ferdinand de Saussure, pasando por la antropología de Claude Lévi-Strauss, hasta la teoría matemática de los conjuntos y la filosofía de Platón, Kant, Hegel y Heidegger, entre otros. Todo este vasto conocimiento lo utilizó para interpretar a Freud y así crear sus conceptos o teorías, pues Lacan es poseedor no solo de una teoría, sino de varias teorías.

En Lacan, el significante es valioso (por eso se le quiere tildar de estructuralista o posestructuralista). Esta teoría del significante, junto con otras teorías, son los aportes de Lacan al psicoanálisis y, también sin duda, a la crítica literaria. Una de sus categorías es el “Che Vuoi?”, ¿Qué quieres? (transcripción directa), que no pregunta simplemente: “¿Qué es lo que quieres?”, sino más bien: “¿Qué es lo que te acosa?” o, mejor aún, “¿Qué hay en ti que te vuelve insoportable no solo para nosotros, sino también para ti mismo, que tú, por tu propia cuenta, obviamente no puedes controlar?”. La pregunta original del deseo no es directamente: “¿Qué quiero?”, sino “¿Qué quieren los otros de mí? ¿Qué ven los otros en mí? ¿Qué soy para los otros? ¿Qué quiere el Otro de mí?”.

Otra de sus teorías está explícita en Lacan cuando dice: “Otro con mayúscula, la madre”. El gran Otro “es el tesoro de los significantes o, de manera general, la Cultura”. Al respecto, Slavoj Žižek señala: “Este espacio simbólico actúa como parámetro respecto del que puedo medirme. Por eso el gran Otro puede personificarse o deificarse en un simple agente: el Dios que vigila desde el más allá, a mí y a cualquier persona existente, o la causa que me compromete (Libertad, Comunismo, Nación), por la que estoy dispuesto a dar mi vida. Mientras hablo, nunca soy un ‘un pequeño otro’ (individual) que interactúa con otros ‘pequeños otros’: el gran Otro está siempre ahí”.

El deseo del Otro que, como se sabe con la premisa psicoanalítica lacaniana, es el siguiente: “el deseo del hombre es el deseo del Otro”, cosa que Lacan no se cansaba de repetir. Esta relación del deseo y la falta nos servirá para abordar más adelante la angustia, como también la trascendencia del “objeto a”. Siguiendo a Alain Miller, el concepto de la premisa psicoanalítica lacaniana: “El deseo es la ley”, que quiere decir que el deseo y la ley tienen el mismo objeto, puesto que la ley es la palabra que prohíbe el objeto de deseo, y que, al prohibirlo, dirige el deseo sobre este objeto, lo que significa que el principio del deseo es el mismo que el de la ley.

Otra fórmula psicoanalítica lacaniana es “la angustia” y “la angustia es señal de lo real”. Lacan nos dice que la angustia es lo que no engaña. Y para esclarecer más el punto de relación entre la angustia y el deseo del Otro, Lacan expone en su Seminario 10: “La angustia reside en la relación fundamental del sujeto con lo que hasta ahora he llamado el deseo del Otro”. En resumen, el deseo, en tanto que es en su corazón deseo de deseo, o sea, tentación, nos remite a la angustia en su función más original; tal es la interacción interdependiente entre la angustia y el deseo. Lacan nos dice “la angustia es sin causa, pero no sin objeto”. En esto la angustia se asemeja al miedo, pues ambos tienen objeto, como recuerda Lacan. Alain Miller sostiene: “la angustia es señal de lo real”. La función esencial de la angustia no es su relación con el decir, sino su relación con lo real. Parafraseando la primera fórmula: “la angustia es el signo del deseo del Otro”. Por real se entiende, del mismo modo, las circunstancias material-objetivas de un fenómeno. Asimismo, “el tiempo de la angustia no está ausente en la constitución del deseo, aunque esté elidido, aunque no sea perceptible en lo concreto”.

Otras de las categorías importantes lacanianas es el “objeto petit a”. Alain Miller nos recuerda que la angustia lacaniana es una vía de acceso al “objeto a”, lo que no es significante. En este sentido, nos preguntamos ¿qué es el “objeto a”? A lo que Lacan responde contundentemente que el “objeto a” es la causa, la causa del deseo. Asimismo, el “objeto a” es no fin, meta del deseo, sino su causa. Lacan argumenta que este objeto parcial es fundamental para la estructuración del deseo humano. No se trata de un objeto concreto, sino más bien de algo que falta, algo que está perdido o ausente. Este objeto parcial se relaciona con la falta constitutiva del sujeto y con la imposibilidad de alcanzar la plenitud. He aquí un pequeño resumen de las principales categorías lacanianas.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Finalista en Poesía del Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Huauco de Oro” 2024. Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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