Cuando conocí a Caitriona ella solía dedicarse a la enseñanza de la lengua inglesa en uno de los pocos, por no decir únicos, institutos de idiomas que existía en la ciudad de Huamanga y que ofrecía a más de uno la posibilidad de aprender alguna lengua extranjera, entre ellas el Ingles por supuesto. Tuve la oportunidad de estar en aquellas aulas a principios de la década de los 90s, por aquel entonces este era uno de los centros de idiomas más modernos, con salones muy confortables, debidamente alfombrados, módulos unipersonales que estaban equipados con audífonos y micrófonos que permitían interactuar y escuchar al detalle las particularidades de esta lengua para su correcta pronunciación.

Ya para el año 2000 estos equipos dejaron de funcionar y quedaron obsoletos, los techos de las aulas se desplomaban a pedazos, las alfombras desgastadas con su característico olor a roña gracias a las goteras que estaban por muchas de sus aulas producto del abandono y desidia de sus autoridades. Hasta donde sé nada ha cambiado por aquel lugar, muy probablemente siga en el olvido.

Junto a Caitriona siempre estaba Marion, su compañera de cuarto o roommate, ella provenía del sur Francia y llegó aquí gracias a los estudios etnológicos que estaba realizando por aquel entonces para el “Instituto Francés de Estudios Andinos”.

Caitriona, Marrion y yo nos conocimos en un festival de música de los muchos que se organizaban por aquellos años, así que, rápidamente entramos en confianza sin imaginar que de aquel encuentro casual surgiría una gran amistad con aquellas muchachas que habían cruzado un largo trecho para llegar a este recóndito y apacible lugar, que de apacible ya poco o nada le queda.

Cierto día Cait y Marrion me invitaron a casa de ellas, donde celebrarían una fiesta en honor a un amigo que ambas tenían en común y que volvía al viejo continente, así que sin pensármelo mucho acepte la invitación.

Llegado el día y a unos escasos metros de mi destino me percato que había un grupo de muchachos que estaban esperando en la puerta, así que me acerco y pregunto si ya habían llamado para que les abrieran, a lo que uno de ellos me responde ¡sí! En un momento ya salen, y efectivamente, no paso mucho tiempo, se abrió la puerta y ahí estaba Cait, que con una gran sonrisa y muy amablemente invitó a pasar a su amigo, y tras de él los demás muchachos, a lo que Cait ya con cara de pocos amigos y algo incomoda increpó a su invitado “yo te he invitado a ti a mi fiesta, mas no a tus amigos, ¿tú decides?, entras a la fiesta solo, o te vas con ellos” el muchacho algo sorprendido y desencajado por tan inesperada reacción de su anfitriona solo atinó a decir en tono vacilante ¡eh..entonces regreso! Y sin mediar disculpa alguna se desvaneció muy lentamente.

Después de aquel incomodo momento ella se disculpó conmigo por el mal rato…

¡sorry for that!

Welcome to Ayacucho…(risas)

No se sorprendan si es que alguna vez ven aparece gente desconocida en su matrimonio, fiesta de cumpleaños, o algún otro momento que consideren especial, pues recuerden esta historia y ¡Welcome to Ayacucho!

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