Toraya y su esperanza

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Escribe: Hugo Rojas Senisse
Escribe: Hugo Rojas Senisse
Escribe: Hugo Rojas Senisse

En un recodo de la vía Abancay – Chalhuanca, una trocha se dirige a Toraya, uno de los 17 distritos de Aymaraes, donde el clima muestra un sol abrazador, el aroma a naturaleza pura y el ruido del río Condebamba, cuyas aguas que nacen en el río Ronco y otros afluentes menores, recorren el territorio dando vida a los campos de Llinqui, Toraya, Cánua, Tanta, Condebamba, Ccasaya, Sarani, Aparay, Challhine, Villa Toraya y Llañupampa, antes de desembocar en el famoso río Chalhuanca. En este amplio territorio distrital, dos mil habitantes (INEI 2015) mantienen sus dominios comunales sobre casi 29 mil hectáreas, para aprovechar los diversos climas y micro climas en el uso de los pastos naturales y cientos de pequeñas parcelas agrícolas, que no se agotan en ofrecer su calificada fertilidad en la variedad de productos agropecuarios, firme sostén de la vida campesina, a pesar de la marginación, el olvido, los embates de la violencia política de décadas pasadas, el azote del cambio climático y la discriminación del neoliberalismo.
Sin rendirse ante los mil pesares marcados por el colonialismo, el gamonalismo y últimamente la violencia política, que los colocó entre dos fuegos, provocando muertes, persecución, torturas y encarcelamientos, las comunidades campesinas y la municipalidad distrital, deciden levantar las banderas de la esperanza de vivir mejor, lejos del oprobioso pasado, para asegurar el bienestar de su gente, a partir de lo que tienen, saben, desean y pueden hacer, aprovechando los avances logrados en infraestructura vial, salud, educación, servicios básicos, electrificación, que no siendo total y de calidad, es un salto en comparación a décadas pasadas.
Así, hombres y mujeres, jóvenes, adultos y viejos de Llinqui, Cánua, Tanta y Condebamba, comuneros y comuneras, regidores y el alcalde, sentados en sillas escolares, en el piso o sobre la hierba, uno a uno fueron desmadejando sus viejos y agudos problemas, para tejer sus aspiraciones y soluciones. Sin amilanarse por el debilitamiento del orden comunal y el bajo prestigio social de la pequeña agricultura andina, deciden: (i) Ante la desprotección de los sembríos, cercar toda el área agrícola y sus parcelas, para proteger las cosechas de los daños de animales y evitar conflictos entre vecinos. (ii) Ante la pérdida en cantidad y calidad de las semillas nativas, acuerdan crear un Banco Comunitario de Semillas, para conservarlas y tenerlas todo el tiempo. (iii) Ante los riesgos que impone el cambio climático en cuanto a al agua y los cambios de temperatura, acuerdan mejorar y ampliar el sistema de riego tecnificado a todas las parcelas en cada comunidad. (iv) Tomando en cuenta las bondades de su clima, deciden instalar un Centro de Promoción Frutícola, con áreas de vivero, plantas madres, elaboración de abonos orgánicos, crianzas de animales menores, con tecnologías agroecológicas y personal técnico para la experimentación, capacitación y asistencia técnica permanente.
(v) Ante el decaimiento de la ganadería vacuna, apuestan por su mejoramiento genético utilizando la inseminación artificial y la tecnificación del cultivo de pastos, con riego presurizado, semillas garantizadas y asistencia técnica. (vi) Ante la desnutrición crónica infantil y la sub alimentación, deciden expandir los bio huertos familiares y tecnificar la crianza de animales menores, como medio, además, para conseguir ingresos económicos más continuos.
Sin embargo, conscientes que no podrán lograr estas aspiraciones de manera aislada y desarticulada, en el I Congreso Agropecuario Distrital realizado, aprueban formar el Consejo de Desarrollo Distrital (CDD), con representación de las comunidades, las organizaciones sociales de base, la municipalidad, la gobernación, el juzgado de paz, los sectores de salud, educación, la municipalidad provincial, el gobierno regional y representantes de otras instituciones públicas y privadas, para que conduzca el proceso de mejoramiento de la actividad agropecuaria y hacer realidad la esperanza de vivir mejor, con dignidad y con plenos derechos ciudadanos.

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