SEÑAS Y SEÑALEROS DE LA MADRE TIERRA

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Las señas vienen a ser componentes vivos de la propia naturaleza. Son plantas (las gramíneas y cactáceas, los árboles y arbustos silvestres y los mismos cultivos) y animales (los mamíferos, las aves, los peces, los insectos, los batracios y los reptiles). Son también fenómenos atmosféricos (la lluvia, la nevada, la granizada, la helada, las nubes los vientos, el arco iris, los celajes, las tormentas, las neblinas), astros (el sol, la luna, los planetas, la vía láctea, las constelaciones, las estrellas), hasta el propio hombre (sus sueños, comportamientos y actitudes).
Las formas en que se manifiestan o se comportan estos componentes vivos de la naturaleza en un determinado momento (antes del sembrío de cultivos o después de ella), los convierten en mensajeros, que, para el poblador andino, tiene boca y voz y que avisan en coro polifónico. Sus mensajes y avisos permiten conocer anticipadamente el comportamiento y los ritmos internos de la naturaleza o pacha y sus múltiples emanaciones.
Las señas a la vez son señaleros; es decir a partir de las múltiples formas de comportarse en un momento determinado, avisan y señalan los cambios internos que se producen en la naturaleza. Por eso se dice que las señas son conversadoras y cada una de ellas le cuenta al campesino lo que sabe sobre los secretos de la naturaleza, suponiéndose que éste sabe conversar con ellos, preguntarles y comprenderles con la misma sensibilidad y sutileza.
El agricultor andino en un diálogo íntimo y reciproco con los seres vivos (la biodiversidad) del medio natural (la pacha), interpreta y entiende esas formas de manifestarse de las señas, a fin de determinar las variaciones climáticas que pueden tener influencia directa sobre la crianza de la vida (de las plantas y animales) en la chacra.
Lo que al agricultor andino le interesa saber mediante las señas, es el carácter o comportamiento del clima. Es decir, saber con qué particularidades se dará la helada, la granizada, la sequía y la inundación durante el ciclo agrícola.
EL DIÁLOGO CON LAS SEÑAS
Este diálogo o conversación con las señas, se realiza en todos los días del año siguiendo una estrategia determinada, fundamentalmente por el acontecer del ciclo climático, las diferentes actividades que demanda el ciclo agrícola.
Se puede dialogar o conversar con las señas cuando se va por el camino al visitar a la familia que vive en la comunidad vecina; cuando se va a preparar el terreno de las diferentes parcelas ubicadas en los pisos ecológicos; cuando se concurre a la feria semanal, cuando se asiste a las fiestas comunales, rituales familiares y comunales, cuando se visita a otras comunidades hermanas o cuando llegan a la casa visitas de comadres y viajeros de otros pisos ecológicos.
También se dialoga con las señas de otros pisos ecológicos, cuando se efectúan los procesos de migración a los valles costeños e interandinos, se va de viaje a las zonas bajas para hacer el trueque con sus productos, o cuando se recibe la visita de un familiar de otros pisos ecológicos. En estas circunstancias la travesía realizada por los diferentes lugares constituye una revisión exhaustiva de señas de varios pisos ecológicos.
LA LECTURA DE LAS SEÑAS
La lectura de las señas no es un ejercicio personal ni individual del agricultor. No interesa, no hay garantía, no tiene sentido, lo que llamaríamos «mi opinión personal» o mi «punto de vista». Se trata de un saber y de una capacidad lectora siempre comentando, opinando, interrogando experiencias del pasado y consultando la tradición local a las personas de mayor edad.
Sólo después de observar pacientemente las señas y dialogar con los señaleros, los agricultores deciden en comunidad cuales serían los momentos más oportunos de sembrío para los diferentes cultivos y cuáles serán las diferentes estrategias a seguir durante el proceso de crecimiento, floración y maduración de cultivos.
TIPOS DE SEÑAS
Según el momento que se da el diálogo y según las interpretaciones que se les dan a las señas, se pueden distinguir señas de largo y corto plazo
SEÑAS DE LARGO PLAZO: Son las señas con las que se dialogan generalmente a partir del barbecho (chakmay); es decir en el mes de marzo, y continúa ininterrumpidamente hasta fines del mes de noviembre, cuando finalizan los sembríos. El diálogo con este tipo de señas se realiza básicamente con tres objetivos:
Conocer el comportamiento del clima
Es decir, sobre la regularidad de las precipitaciones pluviales y la presencia y ausencia de heladas durante el nuevo ciclo agrícola que se aproxima
Saber cuándo sembrar
Es la consecuencia inmediata de conocer el comportamiento del clima, que permite determinar los momentos más oportunos del sembrío
Prever la situación alimenticia
Conociendo el comportamiento del clima y las épocas del sembrío, se puede prever la situación productiva del ciclo agrícola que se avecina. Ésta será decisiva para la situación alimenticia y el bienestar de la familia.
SEÑAS DE CORTO PLAZO: Son aquellas señas con las que se dialogan aproximadamente a partir del mes de diciembre hasta abril; es decir, el periodo en que los cultivos están en emergencia, crecimiento, floración y maduración. Son importantes, estas señas, porque anuncian y avisan a tiempo sobre la ocurrencia de cambios climáticos relevantes, como son: la caída de las heladas y granizadas, la ausencia de precipitaciones o el incremento excesivo de las lluvias.

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