Segunda Vuelta: democracia o autoritarismo

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Escribe, Hugo Rojas Senisse
Escribe, Hugo Rojas Senisse
Escribe, Hugo Rojas Senisse

En nuestro país esta disyuntiva no es nada nuevo. Es parte de la vieja cultura política peruana. Por eso, no es casual que en este proceso electoral y, sobre todo, para la segunda vuelta, nuevamente aparecen claras amenazas de un posible gobierno autoritario, con signos de dictadura, encubierta con manto democrático, si gana Keiko Fujimori, dejando en carrera a Pedro Pablo Kuczynski, el otro representante de la derecha conservadora.
¿Por qué a estas alturas emergen estas alternativas y preocupa a gran parte de la ciudadanía? Porque en el país la democracia occidental es débil, frágil, nunca cuajó como tal, como en Uruguay, Chile y la propia Argentina. La cultura colonial, aristocrática y terrateniente en el Perú nunca desapareció. No murió. Sigue latiendo en comportamientos, actitudes y conductas sociales y políticas a nivel local, regional y nacional. Naturalmente, la dictadura de estos tiempos ya no surge con cuartelazos y uniforme militar. Se encubre con el voto popular; pero es igualmente destructor de instituciones, violador de derechos fundamentales de la población y facilitador de la corrupción y la penetración del narcotráfico perverso en el Estado. La experiencia gubernamental de los años 90 es una clara muestra y una advertencia para las fuerzas democráticas y progresistas del país.
Ante este riesgo, a una semana de las elecciones de la segunda vuelta, aunque tardíamente, la casi totalidad de fuerzas políticas y movimientos sindicales y sociales no partidarizados del país, se han pronunciado contra la amenaza fujimorista y marchan juntas para cerrarle el paso a la candidata de Fuerza Popular. Es cierto, no hay unidad programática. Es una unidad táctica importante: impedir el retorno del autoritarismo destructor de instituciones, de asistencialismos, violador de derechos ciudadanos, cobijador de la corrupción y el narcotráfico, ya sembrada en el Estado y avanzando en el conjunto de la sociedad.
Por consiguiente, se trata de optar tácticamente entre una democracia moderada y la amenaza autoritaria. Es optar por la posibilidad de un país con libertades para seguir avanzando en la maduración de la democracia política y la preparación del cambio del modelo económico neoliberal por un modelo de economía mixta; la transformación del Estado de simple recaudador de impuestos y punta de lanza de la gran inversión privada, por un Estado realmente promotor de la igualdad de oportunidades para todos sin distinción alguna, incluida la inversión privada. O por una opción didactorial, corrupta. Es una alternativa para cerrarle el paso a la corrupción y al narco estado. Esta es la cuestión decisoria. El 5 de junio es la fecha clave. O triunfa la opción democrática o se impone la autoritaria.

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