“La especie más barata de orgullo es el orgullo nacional. Pues denota en el que adolece de él la falta de cualidades individuales de las que pudiera estar orgulloso, ya que si no, no se aferraría a lo que comparte con tantos millones”.
Arthur Schopenhauer

 

Una de las tantas cosas de las que no tenemos control alguno es el de decidir el lugar que nos verá nacer, así que, no tiene mucho sentido sentirse orgulloso por el solo hecho de compartir el mismo suelo y costumbres que muchas veces son el lastre de nuestra sociedad.

No creo que haya mucho que celebrar en estos días, por el contrario, tenemos mucho por lo cual deberíamos estar preocupados, pero como estarlo si muchos no somos conscientes de lo mal que van las cosas, el caos y desorden que gobierna la vida cotidiana se ha normalizado a tal punto que ya nada nos es incómodo, los pocos que advierten los problemas poco o nada pueden hacer para revertir esta situación.

Mahatma Gandhi declaró que uno de los personajes que más lo había influenciado en su vida había sido John Ruskin, un famoso escritor, crítico de arte, sociólogo y reformador social británico de los años 1842.

Ruskin detestaba casi por completo el mundo de mediados de la edad victoriana, pero lo que más detestaba con diferencia era los valores de sus contemporáneos, su obsesión por la riqueza, llegando a describirlos como las personas más obsesionadas con la riqueza que habían existido sobre la faz de la tierra. La diosa reinante de la época es la diosa del existo escribió con amargura”.(De botton 2005)

Muy similar a lo que vivimos hoy en día, solo que con diferentes bemoles.

Ruskin, una persona a quien le incomodaba cosas como el paraguas o el telégrafo, muy seguramente hubiera detestado los smartphones, o las redes sociales por pervertir los valores de la gente; ya que él pensaba que la revolución industrial había deformado los valores de sus contemporáneos en ese afán de enriquecerse y que había llevado a muchos otros a vivir en barrios mugrientos y contaminados, casi como lo es hoy en día en nuestro querido Perú.

Ayacucho no es la excepción a esta realidad, basta con darse un vuelta por algunas de sus calles y ver lo desagradable que resulta el panorama, calles llenas de postes de tamaño industrial decorados con anuncios multicolores de todo calibre, cables eléctricos y de comunicaciones colgando cual luces de feria, pavimentos y veredas sin mediar lógica alguna, parques y monumentos que reflejan el escaso desarrollo y compromiso social, y ni que hablar de la cultura de la seguridad vial. Ayacucho vive un crecimiento demográfico sin planificación y que seguramente lo llevaran a un caos mucho peor del que ya estamos viviendo. Todo esto no es más que el reflejo del escaso compromiso que tenemos para con nosotros mismos y la sociedad.

Las ideas de Ruskin tuvieron mucho influjo en la sociedad británica, y que, además trascendió fronteras que al día de hoy siguen siendo muy inspiradoras para muchos, pero no aquí. ¿Qué es lo que hay que celebrar en toda esta historia?

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