Pan y diversión

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Por: Carlos Iván Landa Kerschbaumer
Por: Carlos Iván Landa Kerschbaumer|

«A la gente hay que darle pan y circo»; es una vieja frase que acuñara el ideólogo y fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre; que traducido en el lenguaje actual, se colige, que siendo responsabilidad de los gobiernos de turno, procurar políticas adecuadas para la alimentación de los gobernados, el arte es un complemento espiritual.
Por esto resulta una torpeza, que digan algunos dirigentes del Frente de Defensa de Andahuaylas, que la organización del Carnaval Originario del Perú (Pukllay) es irrelevante; esto demuestra la mediocridad de quienes habiendo nacido en esta tierra, hoy rechazan sus ancestros y sus tradiciones; si esto lo hubiera afirmado un foráneo, seguro que la gente lo censuraría con epítetos.
Con esta lógica, no se organizarían los Juegos Panamericanos en el país; que si bien le costará al Estado, una enorme cantidad de dinero; que tal vez podría utilizarse para ejecutar obras que requiere la población; es defendido con ardor por el gobierno nacional, como también pasa con el Dakar; porque son actividades que generan entusiasmo; por ende acreencias en temas turísticos.
El gasto, no siempre se resume, en una ruma de billetes; uno encima de otro, que se pierden porque no retornan; como sí ocurre con una inversión, que busca réditos; la utilidad es más bien cultural que económica; saber que los ojos del mundo observan una porción de nuestro país que disfruta de una efeméride que les hace olvidar pesares y trances a través del canto y de la música.
El Pukllay, se ha vuelto una pasión; una manera de hacer catarsis y valorar la identidad, de quienes dejando su labor agraria, que los somete largas jornadas en el campo, chacchando coca, e ingiriendo caña, para fortalecerse; hacen una pausa para encontrarse con los suyos; delirando con su arte, y generando felicidad; el carnaval originario del Perú es un homenaje a pueblos oriundos.
Cada vez que se organiza este festival, que es en realidad un encuentro de culturas andinas, los organizadores buscan la integración y el intercambio cultural, y la revaloración de sus tradiciones; pero si bien la convocatoria, permite otras manifestaciones artísticas, como el carnaval urbano; es sin duda el arte castizo de los pueblos del interior de la provincia, lo que merece toda la atención.
Esto sin embargo; no es toda la fiesta, porque el intercambio cultural permite visitantes que no solo se muestran a través de sus cantos y manifestaciones artísticas, sino que también aprenden de los pueblos andinos, y se abren a sus realidades; sin duda lo que llama la atención es el paseo de las delegaciones por calles y plazas; con sus vistosas indumentarias y jerarquía de los visitantes.
En esta ocasión, existe el temperamento de que las delegaciones tengan feliz estada; y que las delegaciones que se convoquen no sobrepasen la capacidad instalada, pero más allá de esto; lo realmente importante es la hermandad de los anfitriones que se manifiesta al compartir un vaso de chicha, un abrazo o una canción; ¿es irrelevante esto?; ¿importa el dinero? de ninguna manera.

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