¡NO ES NOOOOOO! NI LA CHINA NI EL YANKEE

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OJO ClinicoHasta el hedor de un alcohólico, el discurso de un tonto y las chorreaduras de un resfriado, podría tolerar – más no las hostigadoras insistencias de nuestros semejantes queriendo captar votos para sus codiciosos candidatos de la segunda vuelta electoral.
En Andahuaylas, terminada la parla, en cuanto todos se limpiaban los restos de comida de sus comisuras labiales.
-Eres un sujeto antipatriota, un amarillo, un resentido político, un hue…- me reprochó un conocido personaje de mi casual entorno, que parecía estar desesperado tal mujer en trabajo de parto. -En un país como el nuestro y más aún en la moderna edad, gozamos de un estado de derecho, en tanto podemos decidir independientemente-, pensé. -Ni por Keiko, ni por Kuchinski, ni por aquel fulano o ese mengano, respeta mi decisión – contesté. Y es que además nadie está obligado a alardear la decisión de sus preferencias, pues se supone que el voto es secreto, asimismo debería serlo el favoritismo o simpatía por algún candidato.
Esa pasión por irritar a los demás para convencerlos vía cansancio, termina por resentimientos o sentimientos de culpa durante la gestión presidencial o en una árida nivel de aprobación a su término.
Por una parte se cree que, el que no apoya a nadie con su voto, no se identifica con su país o hace caso omiso a sus obligaciones, pero por otra y considerando que prácticamente todos los gobiernos de todos los tiempos no hacen más que involucrarse en actos de corrupción o eso que lo llaman mañoserías, se asume que más vale no ser parte de esa farsa que se arrastra por toda la historia.
Pues al menos se está libre de arrepentimientos o sentimentalismos. Y es que en la segunda vuelta electoral no importa mucho el que quieran convencer aunque sea por la amistad o por masoquismos, total aunque sea por un voto de diferencia habrá presidente o presidenta.
A simple intuición de que el elegido(a), caerá en la tentación de la codicia o el abuso de poder y con mucha seguridad estará involucrado en actos perjudiciales a los intereses nacionales. Párrafo aparte se merece los mediocres antecedentes que cada cual acusa.
Keiko Fujimori y sus quinientos días ausentados del congreso o la mala suerte de ser la hija del presidente más corrupto de la historia del Perú. Pedro Pablo Kuchinsnky un hombre añoso que apenas pronuncia los fonemas o quizá el ser un auténtico representante Yankee que habría negociado el último tesoro peruano «el gas».
Todo está consumado, en el sillón presidencial posará esa estéril mirada de Fujimori o las longevas sonrisas de Kuchinsky.

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