Ni con un pétalo de rosa

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Por: Carlos Iván Landa Kerschbaumer
Por: Carlos Iván Landa Kerschbaumer

Los antiguos siempre nos educaron que a la mujer no deberíamos tocar ni con el pétalo de una rosa, porque en ella está encarnada toda la belleza, toda la espiritualidad, y porque desde la creación las hijas de Eva siempre fueron consideradas como la obra mayor del Creador. Dios puso a la mujer para que la amemos y nos dé felicidad, sin ella el hombre se derrumba, sufre y muere.
La mujer siempre fue exquisita, poderosa, cautivadora, dueña del mundo, y de todo lo que gira a su alrededor, una musa, una fantasía, una diva, un portento, por eso los hombres se rinden a sus pies, y se producen situaciones trágicas, a la mujer hay que conquistarla para que el hombre se esfuerce en conseguirla, las mujeres siempre fueron las que condicionaron el emparejamiento.
En nuestra infancia conquistar a una mujer era muy complicado, porque la mujer bella, sabe que muchos estarán atrás de ella, y por eso valoriza su belleza, lo hace con una sonrisa insinuante, con un mohín, o con una carcajada, porque la seducción, puede partir de cualquiera, pero si viene de la mujer, todos sabemos, que nos exigirá al máximo y solo así aceptará al enamorado en su porfía.
Cuando uno conocía a una joven y caía atrapado por su belleza, empezaba el calvario, y el sufrimiento, porque el amor es sacrificado, y requiere temeridad y arrojo si se quiere alcanzar su afecto, empero una mujer siempre fue conquistada con cartas perfumadas, flores y chocolates, pero eso solo era parte de la insinuación, porque embelesarla era como la copa, sorbo por sorbo.
El niño muere de amor por la madre, y se constituye en su fantasía, en esposo de la madre, siente celos y se aberrincha, y el padre sabe, que la mujer ha mudado de amor el suyo por el del hijo, hasta que el pequeño crece y asume la realidad, es que es así el complejo de Edipo que señalara Freud, el más grande psicoanalista de la historia, esta es la mujer a quien todos debemos respetar.
Por eso, cuando en los últimos días se hablaba de violencia contra la mujer, muchos nos sentimos sus abogados, y queríamos defenderla, y estar a su lado para aconsejarlas y evitar que sufran, porque cada lágrima que derrama, es totalmente injusta, y porque su sufrimiento es inmerecido, la mujer nació para ser amada, para ser querida, pero no es así porque la sociedad es monstruosa.
Hoy cuando se habla de la mujer, es para considerarla un símbolo sexual, un material para ser usado y luego desechado, una manera de ostentación y egolatría, si es bella, los poderosos la usan como damas de compañía y los productores de espectáculos utilizan sus anatomías para exponerlas y ganar dinero, pero todos sabemos que muchas mujeres se exponen por un trabajo.
Empero, muchas féminas que hoy aparecen en las pantallas y gozan de prestigio, tuvieron que someterse al imperio del poder para ganarse un espacio, fueron presa de aberraciones sexuales y sus nombres y reputación quedaron en entredicho, observe la película «el giro de la vida», y se dará cuenta como la mujer también puede equivocarse, pero el error termina cuando existe amor.

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