Se sabe que el jovencísimo José María Arguedas (1911-1969) leyó de un tirón Tungsteno de César Vallejo y que aprendió de Los Miserables de Víctor Hugo en el colegio. Al leer a Ventura García Calderón y a Enrique López Albújar (los escritores de preocupaciones indigenistas que hasta hoy sobreviven por su estética), se propuso como escritor a superar el falso indianismo exótico y sentimental, paternalista y pintoresco, con la que se trataba literariamente al indio peruano en esas épocas.

Debido a los maltratos físicos y psicológicos de su madrastra y sus hermanastros (de los cuales el mayor le provocó fuertes traumas, como lo recordó en el Primer Encuentro de Narradores Peruanos, celebrado en la Casa de Cultura de Arequipa en 1965), José María Arguedas desde muy niño creció abrigado y refugiado en el amor desinteresado de los campesinos, y tal vez por ello asumirá en la adultez un carácter humilde, introvertido y comprometido con las causas justas de los desamparados y débiles del país.

Aquel carácter depresivo y dichos traumas mentales le formarían un instinto suicida de adulto, que lo llevarían a tentar dos veces la muerte: la primera con una dosis de barbitúricos (de la que se salvó en 1966) y la segunda un viernes 28 de noviembre de 1969 con un balazo en la cabeza, frente al espejo de los servicios higiénicos de la Universidad Nacional Agraria La Molina (de la que agonizaría hasta el 2 de diciembre).

Por aquellas fechas se supo de su polémica literaria con Julio Cortázar, enfrentados a través de cartas que se publicaron en revistas prestigiosas de Latinoamérica, y cuya principal discusión consistía principalmente sobre la “universalidad y provincialismo en la literatura”. Aquellos intercambios de adjetivos le causó, junto con las malas críticas que recibió por Todas las sangres (1964), una terrible depresión. Así, su muerte dividió posturas, pues, pese a que todos se solidarizaron con Arguedas, existieron comentarios malintencionados, como los de Guillermo Cabrera Infante, quien insinuó que su suicidio se debió a que nuestro escritor indigenista “no pudo pertenecer al Boom Latinoamericano”.

Sin embargo, hoy en día todos reconocen la importancia de la obra literaria y social de José María Arguedas. Por ello, analizaremos sus trabajos. Sus primeros cuentos, como “Agua”, le parecieron disfrazados como los que quería evitar en la literatura. Sin embargo, desde ya reconoce la comprensión de los valores de la comunidad india y la identificación de sus creencias. Además, ya presenta dos mundos opuestos (el de los españoles y el de los indios), que existen conjuntamente con muchas fracturas, conflictos, complicaciones y contrariedades.

La principal preocupación de Arguedas en la literatura que deseaba practicar siempre fue cómo expresar la mente de los indígenas quechuas a través del español; es decir, quechuanizar el español y españolizar el quechua; algo que el notable crítico literario latinoamericano Ángel Rama llamaría “literatura transcultural”.

En Yawar fiesta (1941) narra sobre la fiesta sangrienta donde se enfrenta lo indio (el cóndor) con lo español (el toro Misitu), donde este último queda vencido. Las autoridades castizas se oponen a la fiesta, pero los indios están a favor de ella (por el amor y respeto a los saberes tradicionales). En ese sentido, Arguedas trata de expresar la atracción y la repulsa de las dos razas. “El mundo es más complejo y ambiguo en el Perú moderno”, afirma.

En Los ríos profundos (1958), José María Arguedas coloca a su protagonista central Ernesto en medio de la violencia, la sexualidad reprimida y la atmósfera de culpa, donde solo queda los recuerdos de la vida india: sus valores, sus creencias, su visión mágica de la naturaleza, representada en el zumbayllu. Existe una fuerte conciencia del bien y del mal; y el respectivo cuestionamiento de la armonía de Dios.

El sexto (1961) es la novela sensacionalista de Arguedas. Hay mayor simbología, crueldad, violencia, maldad y explotación entre los protagonistas, de los cuales se destaca el enfrentamiento entre apristas contra comunistas. Es una novela política, ambientada en aquella cárcel, infernal y ya clausurada, del mismo nombre de la novela.

En Todas las sangres (1964), se relata la destrucción de un universo y solo las primeras instancias de la construcción de otro, según Antonio Cornejo Polar. Existen 3 focos de conflictos principales. Es un gran mural, cuyo acierto estriba en la lucha de las fuerzas por imponerse y sobrevivir. Es una novela compleja y rica, además de efervescente. Sin embargo, se han descubierto ciertos desaciertos técnicos, como el abuso de diálogos, el afán de explicar lo que tienen los personajes, la supeditación de las acciones de tesis y la intromisión del narrador, que son deslices y descuidos de un novelista de poca experiencia. Existe un anti-Consorcio, como en Manuel Scorza o, por ejemplo, Miguel Ángel Asturias. También se postula una lucha entre “alma” y “ambición”. Esta novela le produjo más pesares que alegrías a José María Arguedas.

El zorro de arriba y abajo (póstuma, 1971) es una novela no de victoria, sino de resistencia contra la contaminación moral. También es una narrativa de crisis existencial y está incompleta, pues fue interrumpida por el suicidio del autor. Busca reivindicar la cultura indígena y denunciar el imperialismo económico de las grandes compañías internacionales (que son los dueños de las empresas pesqueras, y de las cantinas y los burdeles del puerto en las costas de Chimbote, donde trabajan y se divierten respectivamente los indios bajados de la sierra).

La importancia de José María Arguedas es tal que hasta el Premio Nobel de Literatura francés Gustav Le Clézio lo recordó en su discurso estelar en la Academia Sueca y, también, nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, aparte de dedicarle todo un libro completo de ensayos sobre su obra y vida (La utopía arcaica, 1996), lo citó (“Todas las sangres”) en aquel recinto casi sagrado sueco para referirse a la compleja identidad de todos los peruanos y a la riqueza cultural del Perú. Con esto, cabe resaltar que Arguedas ha trascendido hasta ahora las fronteras del espacio y del tiempo, como todos los grandes escritores.

=========================

Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

¿Qué opinas?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

*