Imagen institucional

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El término Imagen Institucional, que se emplea para identificar, a la oficina que trata de reflejar el comportamiento que debe tener una institución pública, respecto a su relación con el público externo; no siempre fue utilizado, antes solo se conocía como oficina de relaciones públicas, y posteriormente fue incluyendo términos; como oficina de prensa; comunicaciones y protocolo.
De acuerdo, a la jerarquía de la institución; quienes tienen la responsabilidad de estar al frente de ellas, pueden asumir jefaturas, hasta direcciones ejecutivas; pero para alcanzar ese estatus, se requiere capacidad, conocimiento y experiencia; un cumulo de requisitos, que difícilmente poseen jóvenes egresados de universidades o institutos, porque la carrera genera permanentes desafíos.
El jefe de imagen, o director de imagen, para abreviar el término, se constituye en el brazo derecho de la autoridad política; sea presidente; alcalde; gobernador, prefecto, o cualquier cargo que posea; el profesional de imagen institucional, se convierte prácticamente en asesor del titular de la entidad; a quien tiene que prepararle la agenda, y procurarle una exitosa gestión pública.
La autoridad confía plenamente en su jefe de imagen, si este le presta un apoyo sustancial, realizando estrategias de comunicaciones efectivas; como programación de visitas a los medios, y hasta elaborarle su mensaje, durante alguna exposición ante el público; que evite errores ante la concurrencia, que puedan ser utilizados de manera contraria a los intereses de la gestión pública.
Un jefe o director de imagen institucional, debe preparar un resumen de los temas importantes que generen críticas, y que se acostumbran a hacer, ante el descuido de los actores de la institución, que pueden ser gerentes; funcionarios de confianza, o simples trabajadores; la atención a los problemas, son fundamentales en la gestión, que requiere velocidad de reflejos.
Sin embargo, en los tiempos actuales, no existen profesionales de la comunicación; capaces y preocupados, porque las autoridades que se encuentran al frente de las administraciones políticas e institucionales, no se esfuerzan por contar con especialistas de nivel; se apela al facilísimo, que consiste en actuar con conformidad, de lo que se tiene, y pagar el precio de las campañas políticas.
Es por esto, que las convocatorias de méritos, son cada vez menos frecuentes, los asesores de las autoridades políticas, salvo algunas excepciones, no han pasado por la universidad, porque no necesitan un título profesional, les basta ganarse las simpatías de la autoridad política, sin más mérito, que haber participado en una campaña política, o guardar el secretismo y yerros del jefe. Hoy, no es ninguna cualidad ser designado jefe de imagen institucional, porque quien asume la función no se la ha ganado en los claustros universitarios, sino como consecuencia de jornadas del quehacer partidario; y para esto no se requiere estudiar; sino ser muy aplicado en las decisiones del jefe; conocer su gustos; no contrariarlo, estar pegado como una estampilla, y hacerle venias.

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