El cuento de los Cuatro Suyos

0
378
Por: Ivan Scolovic
Por: Ivan Scolovic

El expresidente Alejandro Toledo está perdido si insiste, a manera de defensa ante los gravísimos cargos que se le imputan, en que su situación jurídica es producto de una venganza de sus «enemigos tradicionales» por haber liderado la llamada Marcha de los Cuatro Suyos, una movilización que llegó al Centro de Lima el 28 de julio de 2000 y que pudo ser importante en su momento, pero que en verdad en poco o nada contribuyó a la caída de Alberto Fujimori y su socio Vladimiro Montesinos. Para los que tienen poca memoria, habría que recordarles que, al día siguiente de la Marcha de los Cuatro Suyos, Fujimori y su gabinete, encabezado por Federico Salas, estaban al frente de las riendas del país mientras el «Doc» seguía en el SIN como si nada; y que el corrupto régimen se desplomó recién mes y medio después, cuando ya nadie hablaba de Toledo y su movilización, con la difusión del video en que Montesinos aparecía sobornando al congresista tránsfuga Alberto Kouri.
Es más, el 31 de agosto de 2000, a un mes de la marcha que según Toledo se trajo abajo a la dictadura, Fujimori fue recibido con todos los honores en Brasilia, adonde fue a participar en la Reunión de Presidentes de América del Sur al lado de 12 gobernantes, entre ellos el anfitrión Henrique Cardoso, Hugo Banzer (Bolivia), Ricardo Lagos (Chile), Hugo Chávez (Venezuela) y Andrés Pastrana (Colombia). Lo recuerdo muy bien porque estuve ahí como reportero cubriendo ese evento, que dio pie a lo que hoy es la Unasur. Lejos de insistir en el mito de que la Marcha de los Cuatro Suyos se tumbó a la dictadura, lo que debería hacer Toledo es dejar de lado los lugares comunes, los gestos de «indignación» y explicar, si es que insiste en su inocencia, que nada tiene que ver con las confesiones de Jorge Barata y los depósitos en las cuentas del amigo Joseph Maiman, quien coincidentemente «prestó» plata al expresidente para la casa de Las Casuarinas, la oficina de Torre Omega y el pago de las hipotecas de Camacho y Punta Sal.
El expresidente Toledo la tiene complicada, pero peor será si insiste en sus historias de que sufre «persecución política» porque es el «héroe» de la democracia y la lucha contra los corruptos. Eso ya estuvo bueno para los incautos durante las campañas presidenciales, la que ganó y las que perdió. Hoy la lucha es más dura, pues las evidencias son contundentes y no de ahora. Recordemos el caso Ecoteva, que ya puso al líder chakano contra las cuerdas. Las confesiones de Barata son apenas el tiro de gracia.

¿Qué opinas?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

*