Andahuaylas, hace mucho tiempo, dejó de ser la ciudad tranquila, que generaba confianza a los parroquianos, cuando ingresaban a una cafetería; un restaurante o un bar, y olvidaban su cartera, que la guardaban; ya no pasa esto; no hay que olvidar que en esta provincia en los últimos quince años se han producido asesinatos, robos y asaltos, y muchos delincuentes mostraron ser avezados.

Como antes ocurrió con la familia Silva Ochoa, y luego con un conocido policía, el asesinato de un dirigente político y empresario, a quien amputaron un brazo, al estilo de mafias de narcotráfico, vuelve a poner en vigencia, la criminalidad que existe en nuestra provincia, y la inoperancia de que son parte los perseguidores del delito, quienes son incapaces de ofrecer seguridad a la ciudadanía.

Los casos policiales demuestran que la muerte ronda en cada esquina; pues muchas víctimas son asaltadas mientras se trasladan a sus destinos; otros mientras descansan; y algunos durante un altercado en una discoteca; está claro, que en los últimos tiempos, vienen ocurriendo casos de sicariato con contextos extraños, que nadie puede entender; es decir se mata, por cualquier cosa.

Lo peor de todo esto, es la participación en actos criminales de menores de edad, como el sonado caso de un joven mototaxista, que fue asesinado con arma blanca, luego de asestársele una serie de cuchilladas de necesidad mortal; pero esto no es nuevo, en el tiempo se han venido incubando muchas modalidades delictivas, con alguna participación de menores de edad, integrando bandas.

Como bien sabemos, durante los operativos contra el tráfico ilícito de drogas (TID), son capturados adolescentes, quienes por ganarse algo, incursionan en el delito, conduciendo paquetes de pasta básica de cocaína, marihuana, alucinógenos, hasta clorhidrato de cocaína; son los denominados burriers, quienes son captados para ilícitos; pero casi nunca son apresados los reales cabecillas.

La criminalidad vuelve bestias a las personas, porque quienes participan del delito, no son sujetos normales; son gentes desequilibradas, por efectos del consumo de drogas y alcohol; una mixtura que genera violencia, y por ende salvajismo; quienes actúan bajo los efectos de alucinógenos, no pueden estar en sus cabales, todo lo contrario, asumen actitudes que los convierten en “bombas”

El rostro de un delincuente, trasmite perversidad, agresividad, y violencia; está siempre agazapado; no mira de frente; tiene los ojos vidriosos, y sabe que es un enemigo de la sociedad; esto se demuestra cuando es apresado, y evita mirar a la gente; sabe que tiene que estar oculto, es por esto que cometen sus acciones delictivas, ocultos entre las sombras, y dispuestos a matar.

Un juez señaló, luego de dictar una sentencia, que tuvo que encerrarse en su casa con un manojo de llaves, porque el rostro de los asesinos, era de extrema crueldad, cinismo, y demencia; asumir la criminalidad, debe ser un caso morboso, estos sujetos parecen asnos, dispuestos a patear con sus coces; un equino furioso, parado en dos patas, y lanzando por los aires a su jinete: paranoicos

Con este panorama, parece difícil evitar la inseguridad ciudadana, habida cuenta que el gobierno se muestra impotente para resolver los casos criminales que existen en el país, ni en el caso del terrorismo sucedía esto, tampoco durante la época de los secuestros; de Perochena; los Retacos; Cojo Dennis, y muchos más; la falta de políticas de inteligencia, ubica a todos al borde del abismo.

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