En aquel clásico libro de crítica literaria peruana, El carácter de la literatura del Perú independiente (1905), que José de la Riva Agüero y Osma escribiera a los veinte años, expuso que la raza española y la indígena intervienen en la formación del carácter literario peruano. Desarrolla el concepto de “espíritu español”, que es dualista, polarizador, idealista y realista al mismo tiempo; y en cuyo estilo peca por exceso de intensidad reconcentrada a modo de un Quijote que se recoge en sus pensamientos, o bien por acumulación ociosa y redundante como una Sancho Panza charlatán. Es decir, basado en el personaje que el español más universal, Miguel de Cervantes, dio vida y legó a la humanidad.

Sin embargo, destaca que aquel espíritu literario en el Perú es una vaga y oscura copia, sin vigor y precisión: Imitación. Sin embargo, este hispano degenerado posee su proverbial “gracia criolla”, por eso la parte más genuina de nuestra literatura es la jocosa y la satírica, que recuerda claramente la picardía tradicionalista española, presente por ejemplo en José Zorrilla o Camilo José Cela, que es flexible, aguda, de imaginación viva pero templada, de inteligencia discursiva pero rápida y lúcida, de representaciones claras, muy propenso a la frivolidad y a la burla, de fácil expresión, limpia y amena. Los españoles son apasionados, exultantes y de encendidos dotes de festividad, que es para Riva Agüero el modelo del criollo.

En ese sentido, nos dice Riva Agüero que la literatura peruana forma parte del castellano, porque nos remitimos a usar aquella lengua como tradición en la formación de nuestra cultura literaria. La lengua castellana da la forma que se expresa en el arte y que sin ella no se podría haber incubado una literatura heredada de un conjunto de reglas, de herramientas, de caminos. Por ello, la literatura peruana imita a la española, que imita a la alemana, la francesa o la inglesa; es decir, que es una literatura de imitación de imitación. Ya por eso un crítico literario peruano (creo que fue Antonio Cornejo Polar) llamó a esta propuesta como “carácter dependiente de la literatura del Perú independiente”.

También, el criterio geográfico-climático es aceptado por Riva Agüero. Aquellas premisas “espacio-temporal” son enunciados pragmáticos de estudios objetivos, un esbozo de científico método literario. No obstante, según el catedrático sanmarquino, este espíritu castellano sufre una “degeneración” y se convierte en “criollismo”. Él reconoce tres factores como causas: la influencia debilitante del clima húmedo y tibio de la costa, el prolongado cruzamiento de razas españolas, indias, negras, y la molicie del régimen colonial, donde Riva Agüero afirma que “La raza española trasplantada al Perú degeneró sus caracteres en criollismo”. Sin embargo, en la literatura colonial peruana y española, Riva Agüero reconoce que ambos conservan: Verbosidad, amor a la retórica y lenguaje sonoro y enfático.

Sobre la literatura indígena, especula una supuesta influencia: imaginación soñadora y nebulosa, la melancolía, el dolor íntimo y silencioso, una poesía amatoria impregnada de tristeza, como ocurrió con Mariano Melgar claro está. Sobre la raza negra, apunta que no hay influencia de origen africano, pero que está en ejercicio general.

Así, cada vez que hable de literatura peruana, y más cuando se hable de una literatura peruana “original”, se referirá a aquellos autores que encajen con más precisión en su idea de “criollismo”; es decir, los escritores más genuinamente peruano serán los más exclusivamente criollos. Para Riva-Agüero, quienes llegan alcanzar la categoría de escritor, destacan dos aspectos básicos del modo de percibir y sistematizar la literatura (y la cultura en general): uno de esos aspectos es señalar los factores determinantes de todo carácter literario: “el ingenio de una raza no explica, sino de manera indeterminada y generalísima, el carácter de su literatura, existen otros dos factores: la imitación, ya de literaturas y modelos extranjeros, ya de modelos nacionales; y la individualidad artística, o sea el conjunto de causas, la coincidencia de circunstancias, que hace que cada artista sienta y exprese de manera distinta de los demás que tenga su quid propio”. Y el segundo aspecto es justificar el carácter imitativo de toda sociedad “inferior, débil y joven” en general, y de la peruana en particular, precisamente por esos motivos, además de que dichas sociedades “necesariamente y en todo sentido obedecen al avasallador prestigio de los ejemplos extranjeros”, y de que “las sociedades modernas viven de la imitación de los contemporáneos, mucho más que de la herencia y de la imitación de los antepasados” (se evidencia el carácter determinista de su formación positivista).

También, expresa que la literatura del Perú es incipiente, porque se encuentra en estado de formación que va iniciándose mediante ensayos y copias, porque escasean obras de gran valor que están desligadas de la consideración del medio y de la época. Este no es un carácter único del Perú, también lo poseen la literatura de toda América Latina hasta entonces (1905), y aunque hubo ingenios sobresalientes, no basta si los factores son hostiles para la construcción de una gran literatura. Se evidencia que nuestra literatura no es muy avanzada comparándola con el resto de los países circundantes, pero que puede llegar a florecer con el paso del tiempo (Y lo hizo con César Vallejo o Mario Vargas Llosa, solo por nombrar un par de nombres universales).

Asimismo, José de la Riva Agüero y Osma discute si la literatura de hispanoamericana y, por consecuente la del Perú, seguirán en esa onda imitativa o posee medios para ser original. Se distingue el americanísimo como una solución y se plantea tres especies de americanismo que aparecen confundidas entre sí, pero que son lógicamente separables. Además, señala que la literatura peruana era prácticamente literatura castellana provincial. Podemos notar, en un primer momento, que su españolismo no le dejaba observar una cultura sojuzgada, una cultura que languidecía luego de un periodo de barbarie.

Como solución, Riva Agüero plantea que para que haya más originalidad que imitación en nuestra literatura necesitamos un ideal propio. Y para que este exista debe confluir en nuestra sociedad los siguientes factores: Homogeneidad étnica, Confianza, Vida intelectual activa, Desarrollo social y económico. Además, Riva Agüero, henchido de un determinismo absoluto y cierto pesimismo, afirma que siempre habrá imitación en nuestra literatura.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

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