Por: Alexandra Reverón

Existe un grupo de seres humanos que tienen lentes microscópicos para identificar los males de sus adversarios y padecen una ceguera incurable para ver los defectos propios. Algunos han sido llamados “críticos, intelectuales, artistas, políticos y en los últimos años, influencers”. Muchos de ellos se identifican como izquierdistas porque “los derechos del pueblo son sus principales intereses”. Algunos inician su carrera política de casa en casa, de puerta en puerta. Van por los colegios, por los pueblos pequeños y en algún momento llegan a programas televisivos, en entrevistas donde afirman que “históricamente el pueblo latinoamericano ha sido despojado de sus riquezas y que el momento de cambiar la sociedad ha llegado”. Muchos se sienten identificados; “es cierto, han robado nuestras riquezas”. Prometen eliminar las concesiones a las trasnacionales (principales ladronas bajo la complicidad de la derecha conservadora). Juran acabar con la pobreza extrema, la desnutrición infantil, la delincuencia y especialmente, la corrupción.

No pocos son profesionales. Saben a qué se refiere cuando hablamos de la diestra y la zurda, se leen a Lenin, algunas cositas de Mao Tse Tung, de Marx, de Galeano. Critican la mano peluda yankee, la mano invisible, están en contra de la globalización y podrían gastar noches y noches pensando (y escribiendo) cómo atacar o boicotear al sistema hegemónico.

Cuando algunos de estos llega al poder la cosa pinta un poco diferente. El discurso sigue siendo el mismo; se critican los gobiernos de derecha que arremeten contra los protestantes, quienes demandan cambios y se aplauden a los amigos, gobiernos de izquierda que protegen sobre todas las cosas su soberanía, a expensas del hambre, la corrupción, la delincuencia y la integridad de su gente. Así vemos personas que afirman que Cuba es un país que provee cuanto necesita su pueblo y se aplaude la exportación de carne humana (personal médico) a países donde no les garantizan seguridad de ningún tipo a cambio de divisas que sirven para sostener a una clase privilegiada minoritaria. Afirman que Daniel Ortega es un demócrata que protege a Nicaragua de una oposición enemiga de la revolución y además, que Venezuela es un país con separación de poderes porque existe un congreso opositor.

Me pregunto, ¿cuántos estudios son necesarios para que la reflexión sobre los conflictos internos partidistas sea anulada? ¿Por qué estos “intelectuales de la izquierda latinoamericana” son tan poco detallistas cuando se trata de los errores que precisamente sus partidos cometen y tan precisos y cuidadosos para señalar con dedo firme las “tragedias de los gobiernos de derecha”. Justifican lo injustificable, así de nefasta es esta izquierda trasnochada.

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