Suena a verso, pero es lo que debemos hacer: “cumplir para no morir”, nos estamos refiriendo a los contagios que causa la pandemia del coronavirus, que tanto en Andahuaylas como en Abancay, provincias de Apurímac, se vienen incrementando; las infecciones y los decesos, muestran que no se aprende la lección; se pasa de un nivel muy alto a extremo y viceversa, con asombrosa facilidad.

Las redes se encuentran repletas de mensajes lastimeros que expresan sentimientos de congoja por la gravedad de un ser querido, por quien se piden cadenas de oraciones, y a renglón seguido, muchos se suman y recuerdan a los que se encuentran postrados, poco después, o recuperan su salud, respondiendo al tratamiento, o fallecen, a causa de tener los pulmones muy deteriorados.

En los hospitales, aislados, por efectos del coronavirus, los familiares reclaman al personal de salud, procurarles salvar la vida de sus abuelos, madres o hijos, más allá, en las puertas de los distribuidores de oxígeno, otros pugnan por adquirir sus balones, que el nosocomio no puede satisfacer, por la inmensa demanda y la falta de previsión del material para atención de pacientes.

Esa es la actualidad de nuestro país, gente que sufre por su negligencia de no cumplir con las medidas sanitarias preventivas (distanciamiento social, evitar aglomeraciones; uso de mascarillas y protectores faciales; lavado de manos con agua y jabón o alcohol en gel y otros) contra ello la gente busca “lanzar la casa por la ventana”, tras acudir a fiestas y desacatar todas las normativas.

El resultado no puede ser peor, incapacidad de salvar la vida de un ser querido que se agrava por el contagio que se lleva a casa, luego de haber bebido toda la noche, sin protección alguna, en una discoteca que le abre sus puertas por negocio, mediante las llamadas “fiestas covid-19”, todo un acontecimiento desafortunado, que termina con la detención de sujetos, multas y escarmientos.

Mientras en los nosocomios (hospitales, clínicas, centros de salud y otros) se muestran fotografías de médicos, enfermeras y técnicos muertos, como producto de la pandemia del coronavirus, y en comisarías ocurre algo similar, con personal policial fallecidos y las campañas en la radio, televisión y redes demuestran cifras espantosas de muertes, la gente sigue sin creer lo que se da a conocer.

En tanto, sin ninguna exigencia, miembros del núcleo familiar, siguen sin tomar previsiones contra Covid-19, continúan participando en reuniones patronales, festejando al santito del barrio callejón o quinta, el cumpleaños de la amiga, y asistiendo a un partido de fútbol callejero, y como si fuera un espejismo, una película de Hitchock, o novela de Ágata Christie, se asume una ficción.

En verdad el tema es tétrico como lo es su interpretación ¿cuento o realidad? ¿sueño o pesadilla?, son los patrones que genera la incredulidad, de aquellos que continúan pateando el tablero y participando de la atrocidad de seguir jugando a la muerte, lo que sigue, son lloriqueos, lamentos y otros, de quienes desoyen las alertas de la cruel enfermedad que hasta hoy no se toma en serio.

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