Comunicación y expresión corporal para la salud pedagogía de la motricidad

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Escribe: Carlos Arévalo
Escribe: Carlos Arévalo

La pedagogía de la motricidad se configura por una serie de conceptos, teorías y principios generales; modelos y estrategias de enseñanza; entrenamiento y prescripción del ejercicio; condiciones y situaciones de experiencia motriz, las experiencias ante métodos específicos destinados a favorecer la adaptación; el aprendizaje y la anticipación ante una tarea motriz o tarea de movimiento. Reiteramos que ninguna ciencia explica por sí misma la naturaleza humana; sin embargo, la pedagogía asume un deber ser, un modelo humano, ante lo cual se procede a reflexionar sobre su educación. Con este razonamiento, comprenderíamos a la pedagogía de la motricidad como una serie de argumentos científicos conducentes a establecer correspondencias de causa – efecto sobre la formación de la persona, pero en tres niveles. Un primer nivel, donde conjugan teorías y evidencias sobre las predisposiciones de la naturaleza humana. Un segundo nivel, menos abstracto y más técnico en el sentido que tiene el fin de regular la motricidad humana. Un tercer nivel de corte ético, que permitan establecer las circunstancias en que se conjugan y culminan los propósitos tanto de docentes como discentes. La serie de conceptos, teorías, principios sociales y morales, estrategias, condiciones de enseñanza y deseos de aprendizaje, alrededor del cual se configura la pedagogía de la motricidad, nos conduce a encontrar mecanismos para sistematizar la información que proviene de múltiples disciplinas como de la misma pedagogía. En esta evolución constante por investigar y evaluar el hacer que de la pedagogía de la motricidad, consideramos pertinente validar estos tres niveles de sistematización de la información por medio de constructos que operen como variables generales de intercambio de información de los procesos internos y externos que configuran la motricidad humana abriendo paso a modelos de estudio que ayuden a comprender lo general de lo singular; lo objetivo de lo subjetivo, para interpretar la acción motriz, de las decisiones que adopta el «hombre que se mueve» en un ámbito particular. De este modo, sin dejar de lado el análisis de los parámetros biológicos que predisponen a ciertas conductas, menos del cúmulo de habilidades que a lo largo de su existencia presenta y adquiere la persona e intentamos configurar lo que sería el campo donde se reflexione acerca de los motivos y circunstancias la persona las pone «en juego» a fin de culminar alguna intención en particular dentro de esa conjunción de propósitos personales y sociales. Emprender el conocimiento, de este modo, permite acercar los diversos enfoques de estudio de la motricidad humana, producir una disposición epistemológica y desarrollar taxonomías más cercanas al quehacer del pedagogo, comprender la importancia de su empatía como docente y emprender un rol de investigador en tanto sistematice el conocimiento.
La motricidad se registra como un acontecimiento humano de manera positivista en tanto estudia su naturaleza; pero esto no representa el único modo de enfocarla, su estudio requiere de la intervención de disciplinas que partiendo de un modelo técnico de ejecución, expliquen el aprendizaje y como fenómeno intersubjetivo también se requiere de enfoques cognitivos, de otra forma, limitaríamos la comprensión de la actuación humana relacionada a la intención implícita que todo desempeño motriz acarrea, carecería de la relevancia necesaria. El profesor de educación física, el entrenador y el promotor de la salud aplican el conocimiento científico en su labor profesional de un modo interdisciplinario, para ello al formular propósitos típicos como el incremento de la capacidad motriz recurren a diversas formulaciones teóricas que le permiten relacionar lo genético con el metabolismo, las funciones orgánicas con el movimiento. La formulación de objetivos que atañen al aprendizaje y enseñanza implican desarrollar modelos psicológicos, técnicos y metodológicos que regulen ambos procesos; sin embargo visualizar pedagógicamente «al hombre que se mueve», significa establecer criterios de juzgamiento de carácter ético, técnico como de restrictores del desempeño motriz, ante la consecución de lo que a la postre denominaremos tarea motriz frente al concepto tareas de movimiento, si tenemos en cuenta los propósitos anteriores. Esta situación pedagógica particular nos conduce a definir a la motricidad humana como el aspecto operativo de la personalidad, pero no basándose en un concepto de personalidad abstracta o etimológica sino en uno de representación histórica y antropológica que vincule tanto su naturaleza como especie dentro de los seres vivos con su existencia como ser social, esta relación filogenética y ontogenética en el hombre ha sido discutida ampliamente en círculos académicos donde a la Educación Física por ejemplo, jamás se le vinculó. Sin embargo, es pertinente quedarnos al margen, más aún si deseamos establecer puentes con el deporte y la salud. Alguna vez nos hemos interrogado sobre el papel del aprendizaje en la supervivencia de los seres vivos; sobre el mecanismo que subyace para que suceda el aprendizaje, no nos hemos preguntado acerca de los motivos que tiene el hombre para convertirse en un ser social. Como ven tenemos que aperturarnos a conceptos más amplios para avizorar la importancia de nuestro rol como pedagogos. En ese camino estamos. Ortiz Cabanillas formula una serie de afirmaciones acerca de la evolución de los seres vivos, hasta culminar en lo que sería el cenit, la especie humana; él considera que este proceso no es otra cosa que la transmisión de información de orden bioquímico, pasando por lo genético, metabólico, tisular, orgánico, psíquico hasta culminar en información de tipo social, un paradigma propiamente humano. Sus apreciaciones nos permiten distinguir qué es lo posible o no de educar y la pertinencia del mismo, considerando la interacción filogenética y ontogenética en el desarrollo de la personalidad; sin embargo, queda en el vacío los motivos por el cual sucede esta cadena de acontecimientos que se traducen en el desarrollo humano, que hace que un ser vivo aprenda, si resolvemos este enigma, en parte, resolvemos la interrogante sobre el aprendizaje humano. Digo esto porque al igual que Barriga, podemos afirmar, que muchos enfoques y «procesos» pedagógicos se han formulado, si no es desconociendo, dejando de lado este enigma, en el mejor de los casos se ha reducido a seguir conceptos funcionales acerca del desarrollo o vincular estos procesos a necesidades de orden social.

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