La insolvencia para seguir atendiendo a pacientes covid-19 por efectos de un colapso hospitalario, anunciaron voceros del Hospital Sub Regional de Andahuaylas, que desde hace un buen tiempo vienen reportando estadísticas respecto al aforo del sanatorio y las camas UCI que existen para disponibilidad de los pacientes, pues ante el incremento de nuevos casos, la situación se complica.

La verdad establece, que un desborde de pacientes de coronavirus, no solo abarrota físicamente a cualquier centro hospitalario, sino hace redoblar la labor del servicio médico, que plantea sumar más especialistas, que no son muy fáciles de convocar, pues la gran demanda exige expertos en medicina intensiva, que es una especialidad médica que requiere de conocimientos muy amplios.

Durante toda la campaña de salud del gobierno en lucha contra la enfermedad, los jefes de las DIRESAS y otras autoridades regionales han vivido una vía crucis, siendo los médicos intensivistas los más requeridos, pero no solo ellos, sino especialistas diversos ante la alarma que generaba tener personal del sector y no contar con los implementos de primera respuesta a la necesidad.

Recordemos, que atrapado por la enfermedad, un médico casi entre sollozos y angustia, demandó la atención a su pueblo al sentirse impotente de ver a la gente morir y no poder evitarlo, la escasez de oxígeno, camas UCI y respiradores artificiales, han hecho que la población suplique para la atención de parientes que se debaten entre la vida y la muerte, con escenas que generan pánico.

La inusual demanda de materiales de cuidados intensivos no ha podido satisfacerse por no existir disponibilidad en las grandes proporciones que exige la atención de pacientes covid-19, la insolvencia de los centros de hospitalización ocurre por efectos de un sistema de salud precario, que no se ha puesto a la altura de las necesidades de salud, lejos de otros países de Latinoamérica.

Como se sabe el virus explotó a la cara de los científicos peruanos, que mientras se reponían de la amenaza, aprendían a conocer la enfermedad en el camino, por ende lo siguen haciendo otros científicos en el mundo, pero lo peor no es eso, sino la falta de consistencia de las políticas de los gobiernos que no pueden absolver el hambre de un pueblo que vive de informalidad y mendrugos.

Ante tal panorama, el reporte no puede ser más espeluznante, que la presencia de muertos día, tras día, lo que demuestra que no existe ninguna alternativa contra la enfermedad que no sean nuestros propios esfuerzos para enfrentarla, mediante medidas sanitarias convencionales, que se exige a los ciudadanos de todo el mundo, para lograrlo solo hay que ser persistentes y obedientes.

Ratificando la precariedad de los servicios hospitalarios de nuestro país, los ciudadanos están obligados a cuidarse de la cepa brasilera para que el virus no se siga incrementando, entendiendo que los centros de hospitalización tienen un límite, empero la necedad de algunos sujetos, hace recordar a Ecuador, recogiendo muertos en calles; obligado a implementar cercos epidemiológicos.

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