Desde que un candidato foráneo como Cayo Galindo fue inscrito para representar a Apurímac en el Congreso de la República, desconociendo totalmente la realidad de nuestra región, las dudas se apoderaron de los electores locales, en esta oportunidad siguen apareciendo nuevos personajes extraños asumiendo ser hijos andahuaylinos o apurimeños, procurando asumir su representación.

En los últimos días, algunos de ellos se han presentado en los medios de comunicación locales intentando mostrar su trayectoria profesional con valor agregado, en busca de arrancar aplausos y generar expectativas, sin haber pisado por mucho tiempo tierra apurimeña, aunque digan que son genuinos ciudadanos y que demostrarán su identificación pese a su residencia en otras ciudades.

Con un lenguaje de mezcla de intelectualidad y ciencia y de cierto dominio de materias que generan debates como la minería y la agricultura, asuntos hartamente discutidos, estos personajes candidatos desean poner la valla alta, en cuanto a conocimientos y formación, respecto a sus rivales en pugna en busca de obtener su curul y asegurar así su futuro en el próximo quinquenio.

En circunstancia que los políticos nacionales buscan consolidar la economía con la producción, que generan ganancias por efecto de las excavaciones mineras y la agricultura, en busca de alcanzar una sintonía entre ambos recursos, no cabe duda que la polémica siempre genera posiciones de cada lado, como sabemos mientras en Europa el agro es subvencionado, en el país esto no ocurre.

Como sabemos, los pueblos del ande mantienen un romance que los hace renovar votos, como si se tratara de un matrimonio reiterado, con los productos de la tierra, que sirven de alimentos para todos los peruanos y para ello defienden a muerte sus siembras contra el acoso de la minería, convertido en un monstruo, que irrumpe contra la ecología y envenena sus ríos y seres vivientes.

Esta situación ha generado la vieja disputa entre agricultores y mineros, que aún no termina de disiparse pese a las medidas tecnológicas que existen para que ambas fuentes de ingresos puedan convivir y no continuar enfrentándose, empero cuando hay un entendimiento se requiere licencia social para que ambos concilien y los efectos del mineral no dañen los sembríos de los comuneros.

El mundo occidental siempre buscará generar riqueza a costa de los pueblos indígenas, que siempre defienden su territorio ante la intromisión foránea, las ganancias son tan enormes que los dueños de las tierras tienen que ser resarcidos construyendo vías, viviendas, colegios y recuperando daños, pese a ello el tema de las Bambas aun no generan los beneficios esperados.

Los pueblos solo reciben limosnas de las regalías y el canon aún no genera recursos suficientes, la minería y la agricultura si bien generan controversias, ponen al debate el viejo dilema entre la economía y la alimentación, empero, no deja de ser verdad la vieja frase de Antonio Raimondi: “El Perú descansa sentado en un banco de oro”, gran verdad, porque estamos rodeados de minerales.

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