VICTOR RAUL

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Hoy, 22 de febrero, se conmemora el 126 aniversario del nacimiento de Víctor Raúl Haya de la Torre, el peruano del siglo XX.
Fue no sólo el pensador e ideólogo que creó el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) como guía para la liberación de los pueblos de América del yugo imperialista, sino un hombre de acción que forjó el Partido Aprista como herramienta para la praxis política. No se quedó en el plano de las ideas como otros, sino que las llevó a la acción.
Su mítica vida comenzó en 1918, cuando siendo Presidente de la Federación de Estudiantes del Perú, junto con los dirigentes obreros, conquistó la jornada de ocho horas de trabajo, en una época en que era normal que los trabajadores laboraran doce y hasta catorce horas diarias. En 1919, encabezó la Reforma Universitaria, para democratizar las universidades peruanas consideradas como los «virreinatos del espíritu», donde accedían sólo los hijos de la oligarquía, para abrirlas a los hijos del pueblo, ponerlas al servicio de la investigación y del espíritu crítico y transformador. Parafraseando al maestro argentino Domingo Faustino Sarmiento, solía decir: «Si el pueblo es el soberano, hay que educar al soberano». Por eso es que Haya de la Torre, junto con otros estudiantes sanmarquinos fundo la Universidad Popular Gonzáles Prada, para educar a los obreros, bajo el lema: «Si sabes, enseña; si no sabes, aprende». Tuvo muy claro que la educación es el único camino para salir del atraso, de la dominación y del subdesarrollo. Y por eso es que fue el abanderado de la gratuidad de la enseñanza en todos los niveles, desde la educación inicial hasta la universidad.
En 1923, tras liderar la protesta de los obreros y estudiantes contra una maniobra política del entonces presidente Leguía que pretendía perpetuarse en el poder, Víctor Raúl fue detenido y confinado en la isla de San Lorenzo para, luego de una huelga de hambre de ocho días, ser desterrado del país. Desde la siniestra isla-prisión escribió: « A los estudiantes y Obreros: No sé cuál será mi suerte, ni me interesa pensar en ella. Represento un principio, un credo y una bandera de juventud. Agito y agitaré las conciencias hacia la justicia. Lucho por producir la precursora revolución de los espíritus y maldigo con todo el calor de mi convencimiento a los explotadores del pueblo, que hacen del gobierno y la política, vil negociado culpable… Si he de marchar al destierro, algún día he de volver. Retornaré a mi tiempo, cuando sea llegada la hora de la gran transformación. Ya lo he dicho y lo repito: sólo la muerte será más fuerte que mi decisión de ser incansable en la cruzada libertadora que América espera de sus juventudes, en nombre de la Justicia Social. Prisión de San Lorenzo, 3 de octubre de 1923.-Haya de la Torre»
En su largo viaje, el estudiante peregrino llegó a México, donde se compenetró con el espíritu de la revolución mexicana, especialmente de la mentalidad agrarista.
El 7 de mayo de 1924, Víctor Raúl fundó la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA AMERICANA (APRA) y entregó a los estudiantes mexicanos la bandera indoamericana (sobre fondo rojo, bordado en oro, el continente americano desde Río Grande hasta la Patagonia) que simboliza la unión continental. Ese día dijo: «No sólo queremos a nuestra América unida sino a nuestra América justa… esta bandera que yo os entrego no presume originalidades recónditas…La tenéis aquí: el rojo, dirá de las aspiraciones palpitantes de justicia que en esta hora admirable del mundo inflama la conciencia de los pueblos, que nuestra generación proclama con la buena humanidad; nos habla, también, del amor convivido de la justicia. Sobre el ancho campo, la figura en oro de la nación indoamericana, señala las tierras vastas que unidas y fuertes brindarán hogar sin desigualdades a todos los hijos de la raza humana. Aceptadla porque es nuestra. Flameará primero sobre las soñadoras muchedumbres de las juventudes que van abriendo el camino, y más tarde serán los pueblos, los ideales bellos y justos, los que la agiten en el tumulto estremecido de sus luchas».
Al regresar del exilio en 1931, cuando apenas tenía 36 años de edad, postuló a la presidencia de la República, pero la derecha y el militarismo le despojaron del triunfo mediante el fraude.
Desde entonces se desató una gran persecución contra el aprismo y Haya de la Torre, azuzada, ayer como hoy, por El Comercio, el grupo oligárquico que realmente gobierna el país.
Víctor Raúl fue encarcelado en las siniestras mazmorras del Panóptico (donde actualmente se erige el Hotel Sheraton), al igual que miles de apristas en todo el país, sin juicio y sin que nadie reclame por sus derechos humanos.
Miles de apristas fueron fusilados, otros tantos fueron desterrados y el APRA fue declarado fuera de la ley, por lo que millares pasaron a la clandestinidad, pero jamás desertaron de sus ideales, siendo Víctor Raúl el más esforzado y sacrificado soldado del aprismo y de las causas más nobles del pueblo peruano.
Hablar de Haya de la Torre es emocionante y escribir sobre él y su legado nos tomaría muchas páginas, por lo que para terminar debo decir que fue un político profesional, que durante toda su vida estudió y se preparó para gobernar, a diferencia de los improvisados, advenedizos y oportunistas que aspiran a la presidencia, pero lamentablemente las fuerzas nefastas del militarismo y de la oligarquía encabezada por El Comercio, que hasta hoy hace lo que quiere en gana en el país, aliadas con el comunismo, lo difamaron y satanizaron tan igual como lo hicieron con Alan García, para impedir que llegue a la Presidencia de la República.
En el discurso del 8 de diciembre de 1931, Haya de la Torre dijo: «Quienes han creído que la única misión del aprismo era llegar a Palacio están equivocados. A Palacio llega cualquiera, porque el camino de Palacio se compra con oro o se conquista con fusiles. Pero la misión del aprismo era llegar a la conciencia del pueblo antes que llegar a Palacio. Y a la consciencia del pueblo no se llega ni con oro ni con fusiles. A la consciencia del pueblo se llega, como hemos llegado nosotros, con la luz de una doctrina, con el profundo amor a una causa de justicia, con el ejemplo glorioso del sacrificio…»
En estas horas difíciles para el Partido, es conveniente recordar las palabras del Maestro: «Quien en esta hora de inquietud, de sombrías expectativas inmediatas para nosotros, se sienta acobardado o sin fortaleza, no es aprista. Nosotros no queremos en el Partido apristas que duden de su causa o duden de sí mismos en los momentos de peligro. Nosotros no queremos cobardes. No queremos traidores. Y ser traidor en esta hora, es no solo ser el Judas que nos vende, sino el cobarde que da paso atrás. Para uno y otro no hay lugar en nuestras filas. Aunque el Partido quedara reducido a lo que fue durante la tiranía de Leguía, nuestro deber nos impone eliminar despiadadamente a todo aquel que atemorizado por la victoria fugaz del fraude y de la usurpación crea que estamos perdidos.
Los apristas debemos ser dignos de la memoria de Víctor Raúl, quien entregó hasta su último aliento a la patria, y reafirmar nuestra convicción en los ideales que nos legó, trabajando y luchando por el engrandecimiento del Partido.
¡Honor y gloria eterna al Maestro Víctor Raúl Haya de la Torre!

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