Por: Nahon Calle Altamirano

El líder de que hablamos lo es en cuanto produce resultados, consigue adhesiones libres e influye en sus seguidores, que ven en él un ejemplo y una ayuda para conseguir sus objetivos.

El Espíritu de Liderazgo nace desde dentro y desde ahí desencadena las acciones de servicio que se traducen en resultados. Es, más propiamente hablando, un autoliderazgo. Ser actor del cambio conduce al líder al compromiso y al logro de objetivos. La palanca del gran cambio es su voluntad, un querer firme que se afirma en el presente mediante la toma de decisiones acertadas y en el futuro en forma de propósitos realizables.

El líder crea espacios desde su libertad comprometida para hacer valer las libertades públicas esenciales a una sociedad.

Voluntad permanente de hacer el bien

Si la peor miseria del hombre no es no tener sino no querer, el líder fortalece su corazón en la voluntad permanente de hacer el bien y de buscar el bien común, para ser y para dar, para servir y para comunicar, para participar y ser solidario.

El líder debe conjugar el nosotros de la participación, y poner corazón en lo que hace, pasión y entusiasmo. Y comprender que el paso de los años lo deben alejar cada vez más de sí mismo y acercarlo más a los demás.

El líder necesita bucear en la corriente escondida de su fuerza espiritual y llenarse de un sentimiento afirmativo, asertivo, para trazar la vertical sobre el negativismo llorón y desolador. Necesita el líder un poco de la inspiración de los poetas, de la ternura de los niños y de la locura de los santos.

Y así podrá remover su fondo íntimo y profundo para hallar la emoción sentida, la ventaja de dar sin esperar calculadoramente la respuesta en términos de bienestar.

Trabajo en equipo y solidaridad

La sociedad no da espera. No podemos pensar que “después” se podrán arreglar los problemas. Como dice algún autor “El que se mete en el camino del después acaba en el nunca”. Hay que correr riesgos. Y “para los individuos y las colectividades, los mayores éxitos siempre los obtienen quienes saben correr los mayores riesgos (Thibon).

La construcción del liderazgo se acendra en la convivencia fecunda y en el trabajo en equipo. Vivimos en una sociedad en la que nadie se pierde o se salva sólo. Necesitamos por vocación constitutiva del hombre la presencia de los temas, propósitos comunes, tareas colectivas ha llegado la hora de mostrar con obras que los líderes son más capaces de construir el futuro porque se han atrevido a pensarlo y rediseñarlo.

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