Escribe: Malanie Juárez Chocce

Faltando menos de un 0.7% de actas para contabilizar, todo pronostica a que Castillo será el nuevo presidente del Perú. ¿Nadie lo esperó? Una mentira burda, una población de una capital centralizada no querían aceptar su ingreso y respaldo en las elecciones presidenciales, y es que en las calles provincianas ya escuchaban su nombre muy fuerte al igual que su partido.

Castillo no solo representa al magisterio, que bien lo ha apoyado durante toda su campaña, docentes que han invertido parte de su sueldo para pintar y arengar a un partido que creen tiene esperanza. Docentes que oscilaban desde los más inexpertos a los jubilados con décadas de olvido del Estado peruano. Docentes que sueñan con que uno al igual que ellos los represente.

Así mismo, el líder de Perú Libre a acogido las voces de los no escuchados, indígenas ninguneados, comerciantes frustrados con injusticias, campesinos con un apoyo agrícola insipiente, estudiantes con sueños de superación: el peruano que soporta un Estado inequitativo.

Con casi 200 años de independencia, Castillo ha golpeado con su sola presencia a la clase peruana facha, a los que figuran riqueza, dominan al país, pero no a realidad fáctica. A esos les ofende no un comunismo rumorado, sino que sea un provinciano el que pueda representarlos. A ellos les “jode” que la representación de sus raíces sea quien gobierne y por ello hay tanto comentario racista y clasista en los “defensores de la democracia”.

A esos millones de seguidores del Pedro Castillo, no los ha asustado una campaña de miedo, una campaña de populismo y de “terruqueo”. Lo irónico de esto, es que las clases dominantes vienen a enseñar sobre terrorismo a las víctimas, cuando son ellos quienes deberían darles clases y contarles la verdad. A ellos quienes han estado expuestos, a ellos quienes son la carne viva del olvido, no los han engañado, suficiente ya han pasado para revivir dolor.

Castillo ha ganado por la fe de los olvidados, por la memoria colectiva de los caídos por la dictadura y la corrupción, por el sentimiento nacional de amor a la patria y tener dignidad. Solo le queda al profe cumplir con la confianza dada por los tantos que han apostado por él.

Profe no te olvides de los olvidados.

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