Ética y buen juicio

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En una reunión con el presidente de la ANP, tras su regreso de Ayacucho, donde representó al gremio de periodistas de Andahuaylas, ergo, visitar Uchuruccay, zona, en que casi una decena de colegas fueron inmolados, en su incursión por conocer la verdad, se volvió a tocar el tema de la ética profesional, tan venida a menos, en lugares como el nuestro, donde muchos se creen fiscales

Está claro, que también la Asociación Nacional de Periodistas, no pierde oportunidad para marcarle la cancha a sus afiliados, y recordarles el ABC de la prensa, que algunos han olvidado, es por esto que desvían actuaciones, al ofrecer sus contenidos, y practicar el facilismo informativo, haciéndolas de sepultureros, cada vez que creen ser dueños de la verdad, y lanzar sus bombardas.

Lamentablemente, muchos comunicadores están desubicados, cada vez que toman un micrófono, y se permiten amarillar su opinión, para generar rating, algunos lo hacen, porque creen que dar latigazos a través de la verborrea, fundamenta un punto de vista, entendiendo que la locuacidad es una virtud, que genera aplausos de la audiencia, que prefiere al locutor antes que  un abogado.

Debe ser incómodo, que alguien nos diga zamba canuta – diatribas gratuitas- sin conocer a fondo los antecedentes de una situación, y solo llevarse de trascendidos, cuando lo que tiene que hacer el periodista es contrastar los hechos, y para esto se requiere investigar y no hacerlo desde una cabina de radio, que tal, si el comentario resulta errado, y luego el villano se convierte en héroe.

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El periodista debe ser centrado, al momento de dirigirse a la audiencia, no dejarse llevar por emociones, ni actuar con ligereza; si una autoridad falla, lo correcto es reconvenirla, a que acepte su error, o haga sincero propósito de enmienda, en todo caso, asuma su responsabilidad, pero no mandarlo a la cárcel con prisión preventiva, que es la carga emotiva de un comentario poco feliz.

Antes que Alfonso Tealdo ingrese al periodismo de televisión, la prensa no era lo hiriente que es hoy, porque se cuidaban las formas y los modales, pero tras ello, el estilo Tealdo generó una manera de poner contra las cuerdas al interlocutor, y a trompadas, obligarlo a que diga la verdad, de esto se han colgado los actuales comunicadores, al momento de informar y creerse la estrella.

Está claro, que los protagonistas no son los reporteros,  tampoco son los comunicadores, ni los  opinólogos, ellos son, vehículos de la información diaria; los periodistas analizamos coyunturas, actuamos con sensatez sin sentirnos dioses, no esperamos aplausos, por causa de un comentario veraz acertado, solo buscamos la verdad, y una vez que la hallamos, la decimos, con real modestia.

En este contexto, no debemos abdicar de nuestra razón de ser, que es orientar, educar, construir y generar opinión pública, si alguien respalda nuestra actuación, bienvenido sea, pero jamás debemos perder el equilibrio, pero sí, mantener el respeto, a todos los ciudadanos, por más humildes que estos sean, realizar críticas constructivas, y jamás sacar ventajas de ninguna índole.

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